Mucha gente no para de hablar y yo no puedo parar de escuchar…

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Angel Face

Angel-Face“Hubo un gran combate en los cielos. Miguel y sus ángeles lucharon contra el Dragón. También el Dragón y sus ángeles combatieron, pero no prevalecieron y no hubo ya lugar en el Cielo para ellos. Y fue arrojado el Dragón, la Serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás, el seductor del mundo entero; fue arrojado a la tierra y sus ángeles con él.”

(Apocalipsis 12, 7-9)

Todos los recién nacidos parecen angelitos, se ve que les quedan algunas marcas de su estado anterior. Pero Miguel tenía cara de ángel de verdad, y aún la conserva. De la misma manera que conserva en su billetera ese pasaje de la Biblia que le regalaron una vez. No es más bueno que la mayoría de la gente, ni más malo tampoco, pero esa carita… los que lo conocen bien le tienen algo parecido al temor.

Y razones no les faltan.

Por ejemplo, lo que le pasó al ‘Loco’ Araujo. El Loco era un ganador (porque ganaba siempre y porque no reconocía las derrotas). Estaba por encima de cualquier exceso, sea de velocidad, de alcohol, de cocaína, de orgías (sí, ¿por qué no puede haber un exceso de orgías?), hasta su forma de practicar deportes era un exceso y sin embargo se lo notaba sanito sanito. Nadie se explica entonces cómo pudo haber tenido una muerte tan tonta. Lo mató una sopa instantánea.

Miguel no conocía mucho al Loco, pero le tocó estar cerca en ocasión de un torneo deportivo en su provincia. Como cada año, Miguel participaba de la organización y como buen gaucho, estaba dispuesto a ayudar en lo que fuera. El hábil Loco no tardó en clavar sus garras en el hombro de Miguel: “¿me acompaña muchacho?”

Jugó al futbol, al rugby, al pato y ahora le tocaba tenis. Y Miguel le alcanzaba agua, una toalla, un Gaitorai, casi como un esclavo. Venía ganando, pero en equipo. Acá era él contra el otro. Se sentía agotado, pero le iba a ganar a cualquier precio. A medida que el sol de la tarde se ponía más fuerte, el Loco sentía cada vez más frío, sudaba y tiritaba a la vez. Miguel pensó que estaría engripado y en el descanso le alcanzó una sopita Quick que le causo al Loco una muerte igual de quick.

Dicen que pudo haber sido la presión o el corazón. Pero Miguel, ignorante de los desastres que venía haciendo el Loco, no podía evitar sentirse culpable, algo así como el emisario de la Muerte.

Don Braulio lo consolaba: “Cuchame Miguel, te digo que no te hagás más problema por el Loco. Ese tipo era una desgracia. ¿Por qué te creés que tenía tanta plata? Ha estafao a unos cuantos. Y la pobre viuda no pasa por la puerta de los cuernos que le ha hecho. Un sinvergüenza. Bien muerto está y si tuviste algo que ver, llamáte justiciero.”

Con el tiempo los fantasmas abandonaran los pensamientos de Miguel dejándolo indefenso para el siguiente suceso.

Las rutas que conocía casi siempre estaban desiertas. La camioneta cruzada en el camino y la señora que daba vueltas alrededor agarrándose la cabeza parecían un espejismo. Nadie paró a ayudar. Miguel sí, claro. Al volante había un hombre inconsciente con el rostro casi morado. Es un infarto, hay que sacarlo del auto. Los 163 kilos que probablemente hayan ahogado su corazón, casi les parten las espaldas a su esposa y a Miguel en el intento. Lograron acostarlo en el pavimento y Miguel empezó con la resucitación (esta vez no me agarran, pensó recordando lo del Loco). Con todas sus fuerzas empujó ese tórax de caballo y con todo su aire trató de llenar esos pulmones mórbidos. Justo pasó el Tito que también paró para ayudar, cuando el casi muerto vomitó y volvió a respirar. Casi un milagro.

Hay que llevarlo al hospital… pero acostado. No entra, ¡no entra! Si vomita de vuelta así sentado se ahoga. Entre los tres buscaron la forma de reclinarlo lo más posible. No llegó al hospital. Se ahogó en su vómito y murió otra vez.

Y Don Braulio: “Pero Miguel, no te hagás mala sangre ¿vos sabés quién era el gordo ése? Era el gordo Morales. Una basura de tipo. La mujer si corría alrededor de la camioneta sería pa’ festejar. Si la ha cagao a palos toda la vida. Dicen que le pegaba a la madre también. No se ha conocido rata más grande. Vos lo quisiste salvar, pero lo llevaste sentado. Llamáte justiciero…”

Después de experiencias como ésas, Miguel sentía que su lazo con la Muerte era cada vez más estrecho, aunque no podía entender la naturaleza y mucho menos el propósito de un lazo semejante. Sin embargo, una noche de invierno en la ruta, creyó empezar a comprender.

Manejaba solo, atravesando la inmensa pampa, fría y oscura, tanto o más monótona que de día. El camino recto y la luz de su camioneta creaban una garganta imaginaria que lo tragaba de sueño. Y de todos modos ya eran como las 4 de la mañana. Salió del camino para dormir un poco. Se acomodó serenamente.

“Toc…, toc…, toc…” Pegó un salto y miró a su alrededor. Alguien golpeó su camioneta, pero no había nadie. Debe ser el cansancio, a dormir. “Toc…, toc…, toc…” Tres golpes de nuevo. Se quedó quieto, escuchando… nada. Miró bien hacia afuera… nadie. Debe ser algún animalito, a dormir pues. “Toc…, toc…, toc…” Esta vez palideció. No eran ni su imaginación ni un animalito. Acá hay un cristiano (ojalá) golpeándole a él. Se bajó decidido y con ayuda de una linterna inspeccionó minuciosamente los alrededores. Nada.

Las cosas no estaban para una cuarta vez, y además el sueño definitivamente se le fue. Puso primera y se alejó lo más que pudo del lugar.

A la mañana siguiente emprendió el viaje de vuelta por el mismo camino. Notó con sorpresa que llegando al lugar en donde había parado la víspera, había un tránsito inusual. Un inmenso camión se había salido de la ruta. Aún estaba ahí. Sí, ahí mismo donde él había parado para dormir. “¿Cuándo pasó esto?” preguntó con voz temblorosa. “A eso de las 4 y pico de la mañana.” Pensó de inmediato en el toc-toc-toc. Si no hubiera escuchado los golpes, ahora estaría muerto bajo ese camión. Tan muerto como el camionero. ¿Pero por qué le tocaba vivir estas cosas últimamente?

Parece que venía endemoniado el hombre. Me informaron de los pueblos vecinos que lo han visto bebiendo… en fin, hasta acá llegó, éste no jode más. ¿Cuál es la identidad del occiso?” preguntó el cabo. Su ayudante, tratando de leer el nombre en el DNI roto y manchado, apenas podía adivinar: “Lu.. Luci… Lucio? Fer… Fer…, debe ser Fernández, mi cabo.

Miguel, cara de ángel, por fin entendió… “justiciero”, le había dicho Don Braulio, “justiciero…” y recordó: hubo un gran combate en los Cielos… parece que en las pampas también, cada tanto.

Heaven or Las Vegas WATCH

cocteau twins - heaven or las vegas

Blancanieves y un enano

BlancanievesPerla era hermosa como un paisaje muy nevado. Es decir, un paisaje muy nevado parece algo hermoso, pero en realidad es igual a cualquier otra cosa tapada de nieve, todo es blanco con algo de gris y nada más. Si ves un paisaje antártico, siberiano, tibetano o si nevó mucho en Berazategui, no notás la diferencia. Bueno, Perla era algo así, bien blanca, el cabello negro y largo, ojos grises, altísima, delgada, tirando a perfecta digamos, pero no tenía una pizca de personalidad. No había en ella un solo rasgo distintivo, algo genuino que indicara: “así es Perla”.

Para colmo le pusieron Perla. ¡Perla! Para que nazca una perla, quién sabe cuánto tiempo pasa una ostra transformando un simple granito de arena en una bolita preciosa, única… no hay una perla exactamente igual a otra. Nada que ver con ella, que no encontraba la forma de ser única, particular y preciada.

Lo intentaba, sin embargo. Dudosamente haya sido una decisión consciente, pero de alguna manera eligió el camino más fácil para inventar un modo de ser: no gastaba ni un poquito de energía en ser simpática, no se molestaba en cultivar amistades y ante la duda prefería adoptar una actitud distante, fría, lindando con la maldad. Porque es re fácil. Es mejor decir que no te interesa caerle bien a la gente, a reconocer que no le caés bien a nadie. Es mejor decir que no necesitás amigos, a reconocer que nadie te quiere de amiga. Es mejor hacerse la mala, que intentar ser buena gente.

Claro que para vivir en sociedad tenía que pagar algún precio cada tanto (o al menos algunos peajes). Cuando realmente necesitaba algo de alguien, dibujaba una sonrisa como quien se pega un bigote falso. Cuando necesitaba caerle bien a alguien, ensayaba una vocecita aniñada tan poco creíble que hasta un bebé de un año bien podría haberle dicho “¡pero madurá!”. Otra táctica era la de mimetizarse con otro para tener forma de algo. Pero quizá el costo más alto era que a la larga tantas mutaciones la dejaban vacía de entidad. Por ejemplo, era muy fácil darse cuenta de cuándo tenía novio nuevo porque sus listas de mp3 cambiaban por completo. Si el tipo era escritor, ella andaba con libros nuevos bajo el brazo. Si en cambio era teatrero, aguantaba estoicamente aburridísimas obras. Si resultaba ser músico, iba corriendo a sacar entradas para cualquier concierto. Menos mal que hasta el momento no se metió con ningún buzo porque sería muy capaz de andar por todos lados en patas de rana.

Daban ganas de regalarle un GPS (Gain Personality Soon) para que se orientara un poco y dejara de andar vagando por calles sin salida, ensayando en cada una, una postura diferente, una forma de vestir adoptada, una actuación tras otra, con el magro resultado de seguir vacía y encima con mala onda.

Sin embargo, muchas veces uno encuentra lo que busca en donde menos lo espera.

Una tarde fue a tomar el té con una “especie de amiga” en uno de esos lugares en donde las mamás pueden charlar un rato mientras sus hijitos juegan al cuidado de alguien más. Algunos hacían piruetas en el pelotero, otros corrían de aquí para allá y otros jugaban en donde les daba la gana, por ejemplo en el medio del paso, entre las mesas o debajo de las mismas.

Había un grupo de chiquitos muy tranquilos sentados en el suelo, jugando a personificar cuentos de hadas. Al igual que Perla, hacían de cuenta que eran otros y se disputaban los papeles de princesas, duendes, príncipes y hadas. Perla saludó a su “especie de amiga” y cuando se dispuso a salir se topó con estos nenitos. Un peaje sencillo de pasar. Solo se trataba de niños… con pegarse la sonrisa postiza y usar la (ahora) muy útil vocecita de nena, más que suficiente: “Permisooo… ¿pueeedo pasaaaar?” El de 3 años miró hacia las alturas hasta encontrar la cara de Perla. La estudió unos segundos frunciendo el ceño y luego se presentó: “Yo soy el rey, ella es un hada y ella la princesa… ¿y vos quien sos? … … ¡Ah! ¡Vos sos la bruja!”

Por fin.

She’s So Cold WATCH

The Rolling Stones - She s So Cold

El pasto más verde

Sophia_and_jayneIgualito que en el famoso cuadro de Dalí. Todo estaba derretido: el asfalto, el caucho, el cuerpo, el campo, todo. Iban a 110 en su Fiestita 3 puertas, base, Modelo Siglo XX (ni vale la pena mencionar el año) rumbo al mar, de vacaciones, con el malón. Aunque los únicos que parecían indios eran ellos: casi en cuero, brillantes de sudor y opacos por la tierra que entraba por las ventanillas y que se les pegaba en la piel y en el pelo, mientras los demás los pasaban casi por encima, frescos, elegantes, exitosos.

El sol de mediodía sugería y sus estómagos suplicaban un sánguche y una coca – el Fiestita solo pedía que lo dejen morir en paz. Pero no, le llenaron el tanque y lo dejaron un rato a la sombra.

En la estación de servicio se sentían mucho más frescos, no tanto por el aire acondicionado sino por cómo los desplumaron con el precio del insípido almuerzo. Sentados junto a uno de los inmensos ventanales, miraban hacia afuera con ojos de vaca, rumiando el pan seco con fetas de fiambre transparentes, y el rencor por tener unas vacaciones tan grasa… pero no hay que quejarse (se decían), hay gente que no puede irse a ninguna parte.

Mientras seguían masticando, en cierto momento las miradas perdidas encontraron un inevitable punto de encuentro: un radiante Mini Cooper tan nuevo que parecía tener la pintura fresca.

“¿Viste eso?”

“Sí, claro… si es un veneno…”

“No, pero mirá bien… tiene una calcomanía con el simbolito de discapacitado.”

“¿Y?”

“¿Cómo “y”? ¿Qué onda? Vos sabías que lo podés comprar más barato si sos discapacitado, no?”

“Sí, creo que la mitad de precio.”

“¿Y cuanto está ése masomeno?”

“Mmmm, ese modelo… y, debe andar en las 3 gambas.”

“O sea, gamba y media. Igual es un montón de guita: a lo que voy es que si podés pagar una gamba y media, podés pagar 3. Y si no, comprate un auto más modesto. ¿Ves? Yo no entiendo las leyes de acá. Eso del descuento tendría que ser para autos comunes, no autos de lujo. Si querés lujo, pagalo loco, seas discapacitado o no. Entendeme, pobre gente… pero la verdad que es un abuso, porque uno que está entero y labura no puede comprar ni la cuarta parte y estos tipos se aprovechan de su problema y a la final son mejores que vo’ y que yo!!”

“Y sí, una avivada…”

“Mirá, mirá la viejita que está por subirse al Mini. No me vas a decir que es una discapacitada, es vieja nomás. ¡Qué increíble! ¿Pero no te digo yo? En este país somos todos vivos…”

La anciana seguía de pie ahí afuera, cuando notaron que una mujer se acercaba al objeto de sus sueños. Distinguida, madura, el cabello lacio perfecto, la ropa elegantísima y anteojos de sol muy finos. Máquina y mujer encajaban como si hubieran sido hechos a medida.

Callaron un momento para observarla. Y después del rencor, la envidia y la indignación, la sorna.

“Pensándolo bien, la verdad que yo si me dan eso, un bracito me lo corto… ¡si tengo dos, jajaj!”

“Jaaa, seeee… total arriba de ese fierro ¡qué carajo te importa!”

Y mientras el resentimiento y el humor negro bailaban frenéticamente sobre la mesa, del otro lado del cristal la mujer a duras penas podía caminar. La vieron de cuerpo entero: con esfuerzo y acostumbramiento sus brazos sostenían unas muletas y unas piernas desproporcionadamente delgadas y deformadas, absolutamente inútiles.

La anciana la ayudó a acomodarse frente al volante y se fueron.

Cesaron las bromas. Avergonzados y agradecidos, se miraron.

“¿Vamo’?”

Loser LISTEN

IggyPopSkullRing

Nomeolvides

nomeolvidesYo guardo todo. No creo en eso de que hay que desprenderse de las cosas viejas para dejar espacio a las cosas nuevas. De última, siempre se puede comprar un mueble más y seguir guardando. Es más, siento pena por esos pobres infelices que aparecen en la tele acusados por su propia familia de ser acumuladores compulsivos. ¡Su propia familia los denuncia y los obliga a tirar toda una vida de recuerdos! No se dan una idea del daño que hacen.

Por ejemplo, yo tengo una pésima memoria, por lo cual me sirve guardarlo todo, para no olvidar. Cada cosa conservada, por más insignificante que parezca, representa algún momento memorable de mi vida, algo que vale la pena recordar. Para otro ese boleto capicúa, esa entrada de cine, esa monedita de Uruguay, esa piedrita de Córdoba, y así, son cositas para tirar. Pero no para mí. Es verdad sin embargo, que a veces mi método no da resultado, porque justamente por mi problema, me olvido de dónde guardé lo que busco, o encuentro cosas tan olvidadas que parecen ajenas. Hoy por ejemplo, me volví loco buscando unos comprobantes por un quilombo que tengo con el contador. No me acuerdo dónde los guardé. Revisé hasta las cajas más viejas y nada.

Así fue que encontré una amarillenta boleta de depósito sin completar de un banco que, y esto lo recuerdo bien, se fundió allá por 1985, pero no me acuerdo si tuve cuenta ahí. ¡Mierda, casi 30 años que tengo esto! Estaba un poco arrugada y le faltaban algunos pedacitos ¿la habré roto yo, o fueron las ratas? Bueh, no sé, pero lo interesante es que estaba escrita en el reverso con birome azul. Parecía un poema, medio mal escrito en una caligrafía completamente desconocida (u olvidada) por mí. Por suerte tenía firma: Jim y un corazón. ¿Jim? ¿De Jimena? ¿Y por qué Jim y no Jime? Claramente porque la segunda opción es infinitamente lamentable, pensé. O puede ser que la respuesta esté en el pedacito que falta. Jim, Jimena. ¿Qué Jimenas conozco? No recuerdo ninguna Jimena. Me esforcé por recordar a alguna chica que hubiera podido escribirme un poema, y que se llamara Jimena, claro. Quizá leyéndolo pueda recordarla:

“…mmm mmmm mmm… como un terrible huésped demasiado amigable que llevas a dormir…”

Son versos un tanto trágicos. ¿A qué se refieren? ¿Acaso hablan de mí? No, no puede ser. No puede ser que yo haya sido como la muerte para Jimena y ni siquiera la recuerde… ¡Pero entonces qué hace este papelito entre mis cosas!

“La muerte… mmm mmmm…. nos da alas donde teníamos hombros, suaves como garras de ave de rapiña…”

Bueno, evidentemente esta Jimena no tenía gran talento. La primera frase es demasiado obvia y el oxímoron final bastante previsible también. Por algo me la habré olvidado, se ve que no me gustaban sus poemas…

“mmm mmmm… este otro reino parece el mejor hasta que sus otras mandíbulas revelen incesto… “

Mmmm… qué retorcida esta Jimena… Pero entonces, si era una chica tan peculiar, yo debería recordarla! Hace 25 o 30 años atrás no era tan fácil conseguirse una mina desprejuiciada, que fuera al frente, como ahora que te metés en Facebook y las ves a todas medio en bolas y con cara de vicio. ¡Ahí está! Podría probar buscando en Facebook, aunque solo con un nombre de pila me va a costar bastante. Y además ahora que me acuerdo, hace tanto que no me meto que me olvidé del usuario y contraseña que tenía. Qué memoria de mierda. Aunque puede que lo haya anotado en algún lado, seguro lo anoté, pero ¡dónde! Tiene que ser algún lugar fácil de recordar, pero no, en este momento no podría decir cuál. Creo que voy a hacer una excepción y voy a tirar este papel que finalmente no me recuerda nada, sino que más bien me inquieta, porque no puedo aceptar que no pueda recordar a Jimena.

“Paa, ¿qué estás haciendo?”

“Tirando porquerías”

“Qué raro vos tirando algo… a ver… ¿qué es este papelito?”

“No sé, hijo, debe ser algo que me escribió una novia mía, pero no me acuerdo de ninguna Jimena.”

“Pa, pero acá no dice Jimena, dice Jim.”

“Y bueno, Jim de Jimena, ¿qué va a ser si no?”

“Pará que lo leo…mmm…mmm… pero pa, esto es una letra de The Doors (medio mal traducida, hay que decirlo)”

“¿Ehh?”

“Sii, es un tema de ellos, pero te digo está traducido medio para el orto. ¿No te acordás? Los escuchabas cuando yo era chico. Esto es un poema de Jim Morrison de acá a la China. ¡Qué Jimena ni Jimena!”

“Sí, sí, ahora que me lo decís, claro que yo escuchaba a los Doors cuando era joven pero de este tema te juro que no me acuerdo.”

“Qué novedad, a ver ¿cómo me llamo? ¿Te acordás? jajaja”

“¡Haceme acordar que te cague a palos, pendejo!” (antes que me olvide)

El pibe tiene razón. Claro… Jim, de Jim Morrison. Qué boludo, cómo me olvidé. ¿Pero cómo fue que se me borró completamente que me gustaba esa música? Ahora que hago memoria, estoy seguro de que debo tener todos los discos guardados en alguna parte y las revistas con las letras de las canciones también, pero vaya uno a saber dónde las metí.

Tomé la reliquia de nuevo y la miré detenidamente. Está bien, digamos que no hubo ninguna Jimena, pero alguien tuvo que haber escrito esto y por algo lo habré guardado. A mí me gustaban los Doors, pero esta canción no la recuerdo. Bueno, tampoco a Jimena.

Pero entonces ¿de quién es esta letra? Mía no es. Yo nunca escribí en imprenta, bah, no me acuerdo. ¿Y si es mi letra? ¿Y si yo le quise regalar este poema a alguna chica fingiendo que era mío? ¿Sería para Jimena?

Por qué te vas LISTEN

Otras Canciones - Attaque 77

Y yo que ni una rifa gané…

liebsterblog-award…me encuentro con un premio para el que no compré ningún número!
Esto por supuesto es fruto de la casualidad: el hecho de que M.C. me  haya encontrado y como es una mina con onda, me premió.
Cito las reglas a seguir por los damnificados (como yo):
 
1) Nombrar y agradecer el reconocimiento de las personas que te hayan nominado.
2) Hacerte seguidor del blog que te ha concedido el premio.
3) Responder las 11 preguntas que hizo la persona que te nominó.
4) Conceder el premio a 11 blogs que se merecen ser conocidos, (todos con menos de 100 seguidores).
5) Crear 11 nuevas preguntas para tus nominados.
6) Informar del Award (premio) a cada propietario del blog que hayas nominado.
 Entonces, punto 1, por supuesto que te agradezco querida matera, no sólo el que me hayas nominado, sino también el modo en que alimentás tu blog, un lugar lindo para pasar, para quedarse un ratito y para llevarse esa sensación de que sí hay buena gente por ahí… aún en el cyberespacio! Punto 2, va de suyo. Pasemos al punto 3, que ahí te reconozco que me hiciste laburar (eso no me gustó), pero obedecí.
1- Cuando terminás de leer ¿pasás inmediatamente a otro libro o dejás que se asiente el que terminaste? Mmmm, más o menos, porque a veces leo dos libros a la vez y depende del humor que tenga, elijo uno u otro. De todos modos no leo compulsivamente, así que es más probable que haya una pausa antes de empezar un nuevo libro.
2- ¿Qué preferís: libro en papel, libro virtual, blogs, todos? En papel, primero leeejos. El virtual me cansa la vista. El blog me gusta para momentos puntuales.
3- ¿Sos de buscar autores desconocidos? No. No los busco, y si me los encuentro, no los leo jaj. (soy consciente de que todo lo que va, vuelve!!)
4- ¿Leer o escribir? Leer leer leer leer escribir leer leer escribir leer leer leer leer…
5- ¿Algún personaje o libro que te haya marcado o no puedas olvidar? Sobre Héroes y Tumbas con Informe sobre Ciegos incluido, y su pobre protagonista, Martín. Me mata además que uno de los personajes lleve mi nombre de pila.
6- ¿Te gusta comentar con otra persona sobre tus lecturas? Seee… pero últimamente no encuentro a nadie que quiera.
7- ¿Leés en voz alta? Sí. Pero me distraigo con el sonido de mi voz y no sé ni lo que leo. Así que tengo que releer en silencio.
8- ¿Te gusta compartir el momento y el lugar con otro mientras leés/escribís o preferís hacerlo en soledad? Y, no… porque lo hago o cuando hay tanta gente que parece que no hay nadie, o cuando no hay nadie de verdad.
9- Tu lugar favorito para leer/escribir. Para leer, los cafés o la playa. Para escribir, mi casa.
10- Tu momento del día para leer/escribir. Al atardecer.
11- ¿Tu escritor/a o personaje favorito? Qué difícil. Voy a inventar: el personaje (que no existe) de Cortázar que da las instrucciones para: subir una escalera, dar cuerda a un reloj, llorar, etc. Muy cínico. Me gusta.
Punto 4: estoy en problemas, no junto 11 ni de casualidad, pero los siguientes son fabulosos:
1. GirlOfSummer85’s Blog Si no tenés ganas de pensar, no la leas. Gracias, hada madrina.
2. Las estrellas estan ahi Una chica que parece tener un detector de belleza.
3. Lo que vi en el bondi En los colectivos pasan cosas, y acá te enterás.
4. Matinée de Depravados Obsceno hasta en lo bien que escribe.
5. Trapitos al sol Cuando escribía seguido, te quedabas esperando el siguiente post.
6. Un Enfermo de Pelicula Éste está enfermo de verdad. Crítica de cine de una, parecida a nada.
7. Una hora en Copenhagen A este guacho le compré un libro.
8. vivo en rosario Vive en Rosario, y se nota en cada frase.
9, 10 y 11… puede que en el futuro encuentre 3 más. 

Punto 5: Mis preguntas para ustedes:

  1. ¿Libros gordos o finitos? Ojo que parece una boludez, pero como en todo lo demás, el tamaño importa.
  2. A muchos nos gusta leer en papel ¿pero te gustaría escribir en papel? Como antes, bah.
  3. ¿Qué preferís, un libro de autoayuda o un auto de libroayuda?
  4. ¿Es verdad que siempre es mejor el libro que la película?
  5. ¿Y si es Harry Potter, o el Señor de los Anillos, o Crepúsculo? (Ahí te quiero ver…)
  6. ¿Qué pensás de los escritores que escriben sobre escritores? ¿O de cineastas que filman sobre cineastas? Y así.
  7. ¿Qué hacés cuando vas a una librería? Y no me digas “Comprar libros”.
  8. ¿Es cierto que encontrar un blog interesante es como tener un día sin viento en la Costa Atlántica?
  9. En mi vida leí un diario (o periódico). Si vos los leés ¿me podés explicar en dónde está la gracia?
  10. ¿Alguna vez (siendo adulto) leíste un cuento de cuando eras chico? ¿Y… cómo te fue?
  11. En serio, decime si alguna vez leíste entero “El Quijote” y encima te gustó.

Punto 6: espero poder contactar a todos. Y si no, desde aquí les agradezco a todos por andar por ahí, creando…

Mission Accomplished. Over and Out.

Obviedades

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Lo único que sé de vos es que siempre me gustaron tus negros bucles, tu risa fácil, tu debilidad por la ironía, tu humor (tirando a negro, como tu pelo), tu preferencia por el tinto, tu capacidad de bailar una noche entera, y creo que nunca te vi con cara de culo. Tan divertida, tan inteligentemente graciosa, tan única… creo que nunca te merecimos.

O, capaz que dios se estaba pegando un embole terrible y te mandó llamar de inmediato.

Brindo por tu felicidad “rulitos”, con un tinto, obviamente.

…a M.E., RIP

Quedándote o yéndote LISTEN

Spinetta-Kamikaze

 

Te Lo dije

itoldyou- Hay que firmar los papeles.

- Sí… … … ¿Tiene que ser en Buenos Aires?

- Sí, sabés que hay que ir allá. Ya te lo dije.

- ¿Pero no podemos hacer que los manden? ¿O firmar acá, no sé, ante un escribano o algo así y mandarlos? Ya quiero terminar con esto. Y encima viajar hasta allá, pfff… qué odio.

- Justamente, para terminar, no demos más vueltas. Saquemos los pasajes, firmamos y chau.

- Vos siempre ves todo tan fácil ¿no? Sólo hay dos micros: uno llega a las 4 de la mañana y el otro a las 4 de la tarde. No sé si notaste que no coincide mucho con el horario de las oficinas.

- ¡Ya lo sé! Tenemos que tomar el de la noche, no hay otra.

- ¿Me tomás de pelotuda? No me refiero a eso. Me pregunto qué carajo vamos a hacer desde las 4 de la mañana hasta las 10 que nos atiende el abogado. ¿Comer 82 medialunas en Retiro? ¿Esperar a que venga cualquier punga y nos sorprenda dormidos en un asiento de esa estación mugrienta? A mí ese lugar me da asco y miedo… hay que esperar al menos 3 horas hasta que sea de día y no voy a andar deambulando.

- Bueno, no tenemos que quedarnos en la estación… podríamos buscar algún bar abierto en el centro.

- Darío, hace siglos que no vamos a Buenos Aires. No sabemos siquiera si los lugares que conocemos todavía existen. No da para adivinar… … … No sé, yo pensé en parar en un hotel, aunque sea por unas horas.

- Si no queda otra, podría ser, pero a menos que quieras un cuartito lleno de pulgas, los hoteles de esa zona son carísimos, querida.

- Hmm, sé. La verdad que no tengo ganas de seguir tirando la plata, entre los trámites, los honorarios del cuervo, los pasajes… la verdad estoy harta. Y no me digas “querida”.

Se quedaron en silencio, él mirando el suelo, ella mirando a la pared. Aunque estaba cansado de los caprichos de Analía, seguía intentando sin suerte encontrar una solución a un problema tan estúpido como descomunal. Analía estaba un poco peor. No sólo cansada de que a Darío no se le cayera una idea. Cansada. Muy. Ya no recordaba la última vez se había sentido alegre, y no se le ocurría nada que la pudiera alegrar.

Darío quitó la mirada del piso:

- ¡Ya sé! Vayamos a un telo. Nos podemos guardar un par de horas por dos mangos.

La cara de Analía se inundó de luz: ¡Qué buena idea! Hace tanto que no íbamos a uno que ni se me cruzó semejante cosa… Qué bizarro, usar un telo para hacer tiempo. Me hiciste reír.

Medio dormidos, del micro al taxi, del taxi al telo.

- Bueno tratemos de dormir un rato que el día va a ser largo.

- Si.

No pegaron un ojo. Se echaron dos, y rieron, como antes. Y los papeles, bueno solo son papeles…

L’Hôtel Particulier WATCH

L'hotel particulier - Serge Gainsbourg

La Ley de la Selva

leonaCuando Marita  empezó a trabajar en la Yoursister’s Shell & Co. jamás pensó que iba a llegar tan lejos. Había sido preparada para el arte de la peluquería, y era su sueño tener algún día su propio salón de belleza. Ya sabemos lo que hace el destino con los sueños de la gente, así que fue el destino y no otra cosa lo que hizo que Marita terminara ocupando ese puesto de recepcionista junior en la Yoursister’s. La casa central de la compañía era un rascacielos vidriado, como los de las películas, en donde las personas vistas desde la calle parecían pececitos limpiafondo que se movían en distintas direcciones, indiferentes al bullicio de la ciudad.

Lejos de ser una chica de barrio indefensa en la jungla de cemento (y vidrio, y acero, y gente), Marita llevaba la Ley de la Selva en la sangre. Así es que logró transitar airosa la segunda mitad del siglo XX, con una increíble capacidad para ponerse a la altura de las circunstancias. Altiva, feroz, determinada, ignorante y hermosa, tomaba cada desafío como algo personal, como una leona con un venado entre los dientes… ¡andá a sacarseló! Pronto el escalafón de junior le quedó chico. A diario se abría paso en la maraña a machetazo limpio hasta que se convirtió en la cara de la Compañía, la primera y la última cara que verían quienes osaran cruzar el umbral de la Yoursister’s, la única para quienes cometieran un error.

La tecnología no fue un obstáculo tampoco. Sin la menor preparación pasó del lápiz y papel a la máquina de escribir, del carbónico y la cinta correctora al Liquid-Paper, del teléfono con disco de su casa al mega conmutador con lucecitas inquietas (e inquietantes), de la copia por correo al telex, and so on. Hasta que llegó EL día. La sacaron de la recepción y la pasaron a la oficina de Comunicaciones Internacionales. La Yoursister’s Shell & Co. tenía filiales en todo el planeta, y la forma más rápida y económica de comunicarse antes de que existieran los e-mails, era a través del Telex. Marita, sin saber ni una pizca de inglés, tipeaba los mensajes a una velocidad increíble, con un margen de error del 0%. El Gerente General de la Compañía no lo dudó ni un instante: “Marita, a partir de hoy usted va a ser la encargada y única operadora de la oficina de Telex. Pero haga de cuenta que es ciega, sorda y muda. La información que pasa por esta oficina es altamente confidencial. No me falle.”

Lo primero que hizo Marita fue pegar un letrero en la puerta de su nueva oficina: “Prohibido el acceso a toda persona ajena al sector” para luego encerrarse a ejecutar sobre el teclado de la misma manera en que un eximio pianista lo haría en el Colón. Las cintas perforadas entraban y salían de ese enjendro a la velocidad de la luz, sin que una sola pizca de información fuera a caer en las manos equivocadas.

Pero, estaba Susana.

En la selva de la Yoursister’s Susana era la serpiente: sigilosa, astuta, traicionera y venenosa. Susana creía que porque tenía un cargo alto podía entrar a la oficina de Marita cuando se le antojara y con el pretexto de socializar metía la mano entre los mensajes recibidos: “¿Esto es para mí?” preguntaba, mientras miraba de reojo todo lo que podía. “Susana, no es para vos, no seas chusma querés. Te voy a tener que pedir que te retires si no.” Susana hacía caso omiso a las reiteradas advertencias de Marita, ignorando que se estaba metiendo con la presa… y con la leona.

Un día llegó a oídos de Marita el rumor de que se había filtrado un mensaje confidencial proveniente de la oficina de Nueva York, y que Susana se estaba encargando muy bien culpar a Marita divulgando la calumnia por toda la empresa. Los pasillos ardían en susurros, pero dicen algunos que en un momento se escuchó un terrible rugido. La puerta de la oficina de los misterios dejó salir a la fiera sin oponer resistencia: “¡Susana! ¿Podés venir un momento por favor?” La misma puerta se cerró detrás de la víctima garantizando la ausencia de testigos.

“Escuchame bien gorrrrda hija de mil putas! ¿Qué carajo andás diciendo por ahí? Mirá gorrrda de mierda, conmigo no te metás porque te reviento las tetas ¿me entendés gorrrda? Si me llego a enterar que andás hablando mal de mí, te paso por arriba con el auto, gorrrda del orto. Me importa 7 carajos tu cargo, si te agarro en la calle te re cago a trompadas gorrrrda. ¿Me oíste bien? Me costó mucho llegar a donde llegué y no voy a permitir que una gorrrda pelotuda como vos me venga a cagar la vida, así que ya sabés.”

La oficina de Recursos Humanos se encargó de poner paños fríos a la situación, asegurándole a Marita que no tenían ninguna duda sobre su desempeño y advirtiendo a Susana que si no corregía su comportamiento, deberían replantear su posición.

Susana regresó a su escritorio pálida y con los ojos llorosos. Sus compañeras la consolaban: “Su, no te pongas así, esto no pasa de una llamada de atención. No te van a echar. Olvidate.” Pero Susana no paraba de moquear hasta estallar en un llanto desconsolado. Nadie entendía por qué estaba tan herida.

Pero la Ley de La Selva es así, y la Leona sabe en dónde hincar el diente: “Es que me dijo gorda!!! Marita me dijo gooordaaa…”

Jungle Boogie LISTEN

Wild and Peaceful - Kool & the Gang

Palabras Palabras

palabras¿Y cómo era?

Siempre fue más bien callado. Su perpetua sonrisa a medias daba la impresión de que tenía la mente en blanco, de que no había nada dentro de él, alguien que no habla porque no tiene nada interesante para decir (un gran gesto de altruismo para con los demás, algo sumamente inusual, hay que decirlo). Hasta parecía un poco tonto. Error. Resultó ser quien me diría las palabras que cualquier chica quiere escuchar, inclusive yo. Creo que hasta tenía la capacidad de detener el tiempo en esas contadas ocasiones, solo para hacerse oír, para que yo oiga. Quizá por eso no me acuerdo mucho de los demás, solo de él.

No sé cómo explicarlo, si era lo que decía, cómo lo decía o las dos cosas. En esa época la gran mayoría de mis amistades eran varones. Me divertían mucho sus groserías y más me divertía ser la chica de todos y la novia de ninguno. A excepción del tonto. Él estaba en ese círculo, pero en segundo plano, observando, escuchando, sonriendo, el tontito del grupo ignorado por mí. Y sin embargo era el único que lograba sacarme de mi distracción por default cuando se le antojaba. Una noche en un bar cualquiera, mientras los demás enturbiaban el ambiente con sus brutalidades, por primera vez emergió de la sombra. Sentí cómo sus ojos detuvieron el aire envolviéndolo sobre mí. Ahogó los ruidos con un ligero suspiro y dijo: “Vera, sos la mujer con las piernas más hermosas que haya visto nunca.”

No sé si no me mojé.

Teníamos un cumpleaños. Dejé que pasara a buscarme cuando ni siquiera me había lavado el cabello, dejando en claro que para mí su tiempo no valía nada. Me esperó. Mientras me peinaba, canté como si él no estuviera: Ahora ya no llora, preso en mi ciudad aha aha, casi ya no llora, atrapado en libertaaaaad… Mientras tanto, él miraba a la pared y meneaba levemente la cabeza. Inesperadamente se volvió hacia mí: “¿Sabés? A mí no me gustan los Redondos, pero me acabo de dar cuenta de que si la canción la cantás vos, me encanta… tenés la voz de un ángel.”

Cosquillas en mi espalda. ¿Serían las alas que nunca antes había tenido?

Confundí su parquedad con timidez, su silencio con insignificancia. Me pareció que provocarlo y despreciarlo al mismo tiempo era diversión gratis. Él me dedicaba sus mejores halagos y yo le pagaba con burlas, me obsequiaba puras perlas a cambio de mi arena, para que siga cultivando. Jamás se quejó. Una tarde paseábamos en su auto, él muy relajado, feliz de tenerme a su lado, yo tensa y áspera como de costumbre, para molestarlo. Aprovechó un silencio casual y con toda serenidad me aniquiló: “Vos no te das cuenta, pero sos un diamante en bruto. Y yo, yo voy a pulirte, no me voy a cansar hasta darte la forma perfecta. Yo voy a ser tu Pigmalión.”

Por un microsegundo me sentí Galatea, mi coraza de marfil cediendo al calor de los dedos de mi Pigmalión. Pero el microsegundo pasó y el frío marfil no cedió. No sé por qué, no sé…

Creo que me amaba.

Creo que jamás lo amé.

Creo que fue mi juguete.

Creo que jugó conmigo.

Hasta que se casó Dany. Una lujosa fiesta en la que las mujeres parecían escapadas de una tienda de disfraces y cualquier perdedor con corbata se veía respetable. Yo en cambio no me vestí de largo ni fui a la peluquería, me arreglé así nomás… si total iba con él. Aún así me trató como si fuera el centro de la fiesta. No despegó su negra mirada de mí ni siquiera por un minuto. Me adoró. Me idolatró. Y delante de todos declaró: “Esta noche nos ponemos de novios, vas a ver… después de la fiesta.”

Por primera vez lo vi. Era hermoso, y estaba radiante.

¿Y?

No sé, al final la fiesta terminó y no me dijo nada… después de un tiempo no supe más de él.

¿Nada? ¿Y no se volvieron a ver? Increíble que haya quedado todo ahí… Hmmm, bueno, no te habrás casado, pero por lo que contás me imagino el voltaje de sexo que habrás tenido con el calladito!

Aahh sí… es decir, no.

¿?

No… nunca nos acostamos. Nada más tuvimos sexo oral… bueno, verbal.

Bang Bang (My baby shot me down) LISTEN

How Does That Grab You - Nancy Sinatra

Ver para creer

wowDespués de los ravioles del domingo y el vinito, Don Antonio se apartó del bullicio de nietos, hijos, cuñadas y nueras y se sentó plácidamente a la sombra del tilo. Como le sucedía casi siempre últimamente, un sopor del que no intentaba escapar lo llevaba a ese extraño lugar entre la vigilia y el sueño, entre el presente y los recuerdos. Doña Ángela lo vigilaba a la distancia, atenta a cualquier gesto, y lista para actuar ante la contingencia cada vez más frecuente de una descompensación.

Aliviada, notó que esa leve convulsión era la risa de Antonio, soñando quién sabe qué.

Cuando abrimos el night club (nunca me gustó llamarlo cabaret) en el año ‘49 con Osvaldo y Carlitos fue una locura bárbara el éxito que tuvo. En seguida nos hicimos conocidos y respetables, la gente venía de todos lados, algunos desde muy lejos. Teníamos las mejores orquestas, con los cantores más aplaudidos, las bebidas eran importadas y teníamos las mejores chicas. Criaturas exquisitas, educadas, vestidas como reinas o estrellas de cine… ¿Qué será de Elvira? Qué linda piba esa.

Y los caballeros empilchaban de lo lindo, algunos se venían de traje y zapatos blancos, muchos bajaban de unos autos que eran un lujo, con chofer y todo. El ambiente era de lo mejor de Buenos Aires, hasta han venido personajes famosos, sabiendo que se los trataría con la mayor discreción. Todos se sentían bien y se divertían. Carlitos decía que él tenía el secreto de por qué todos estaban alegres: decía que tiraba un poquito de droga por los ventiladores de techo. Nosotros no le creíamos, pero quién sabe.

¡Qué época linda! Todos ganábamos buena plata, nunca se armaba quilombo, los clientes se hacían “habitués” y las chicas estaban cómodas. Algunas conversaban con nosotros, nos contaban sus vidas, sus anhelos, como si fuéramos hermanos. Como Elvirita, qué linda piba esa…

“¿Sabés Antonio? Estoy contenta porque estoy por cumplir un sueño. Estoy juntando plata y ya me falta poco. Me voy a ir al Brasil.”

“¡No me digas que nos vas a dejar, Elvirita! Pero te entiendo, las playas de Brasil, el calor, los carnavales, es un lugar soñado… te entiendo.”

“No Antonio, no los voy a dejar, me voy por un tiempo nomás. Pero no por lo que vos decís. Quiero cumplir mi fantasía.”

“¿Y se puede saber cuál es?”

“Sí, claro. Viste lo que dicen, ¡que los negros la tienen bien grande! Y acá no hay ningún negro. Yo me voy al Brasil para acostarme con un negro.”

Fue una sorpresa verla de vuelta en el club a los pocos días: “Pero Elvira ¿no te habías ido al Brasil?”

“Si, ya fui.”

“¿Y cómo es que volviste tan pronto? ¿No te conseguiste ningún negro?”

“Ay Antonio, me fui con toda la ilusión. Y tuve una suerte bárbara. Apenas me instalé, salí a bailar. ¡Me enganché un negro que parecía un dibujo! ¡Qué cuerpo, qué piel! No veía la hora de verlo desnudo. Bailamos toda la noche, y al final, me lo llevé a la pieza.”

“¿Y qué pasó?”

“Y nada, que cuando se sacó la ropa, casi me muero. ¡Qué miembro! Nunca había visto algo tan grande, una cosa increíble!”

“¿Y qué hiciste?”

“¡Nada, me vestí y me volví!”

“Jaja, el miedo no es zonzo Elvira”

“No te riás, Antonio.”

“¿Viejo, estás bien? Estabas soñando… ¿De qué te reías?” “Estoy bien viejita, me acordé de un chiste. Vení dame un besito que los chicos no nos ven.” “Antonio, cómo sos, eh! Bueno, pero uno solo, viejito picarón.”

You Sexy Thing LISTEN

You Sexy Thing - Hot Chocolate

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