El último en enterarse

gossip girls“JuanManuel, ¿ya lo tomaste? Dale, pasame el mate…” Desolado, seguía contemplando lo que creía era la foto perfecta: todos alrededor de AnaLaura, JuanPablo (Sr.) y Juampi (o JuanPablo Jr.), y en el centro la torta de cumpleaños insinuada por las temblorosas lucecitas. El rubio retoño, completamente ajeno a lo que ocurría más allá del resplandor de sus cuatro velitas, le regalaba a la cámara una sonrisa radiante. JuanPablo Sr. se veía protector abrazando a su familia. Un momento hermoso. Pero mirando la foto más detenidamente, notó que AnaLaura, la esposa de su mejor amigo, la cara apenas iluminada, los ojos entornados en un beso dulce de mamá, reflejaba una felicidad opaca. Y al observar el resto de la escena la foto se volvía triste y patética, con los parientes, amigos y allegados con sus tontas sonrisas y festivas palmas… y también con su hipocresía, porque todos sabían.

JuanManuel no. Él no sabía nada cuando sacó esa foto. Pero le contaron, y su mundito se le vino abajo. Y es que JuanManuel era como un monaguillo pero de 40 años. Sus mocasines marrones y sus jeans planchados hablaban por él: era pulcro, estructurado, sin lugar para la picardía… era ingenuo.

Como si tuviera una papa caliente en las manos, vino corriendo después de la fiesta a tomar unos mates, de esos que realmente se necesitan porque te hacen sentir acompañado y porque te aflojan la lengua. Así es que fuimos testigos de cómo la poca inocencia que le quedaba se le había esfumado ese día. Ese preciso día. Fue un amigo de su mejor amigo (en adelante “el delator”) el que por culpa de unas copitas de más, o por pura maldad abrió la bocota:

“¡Quién hubiera dicho que íbamos a ver esto alguna vez! Ahí lo tenés al muy chanta. ¡Si AnaLaura supiera!”

“¿Si supiera qué?”

“¿Qué va a ser, boludo? Que casi la larga a la mierda por un gato viejo. ¡No me vas a decir que no sabías!”

Por un momento creyó estar viviendo una realidad paralela, o quizá una realidad un escalón más abajo, porque sintió algo parecido a un golpe. De ninguna manera podía ser posible que JuanPablo, su mejor amigo, su socio, un modelo de padre de familia, que él fuera capaz de… nonono. Definitivamente se trataba de un error. Todavía confundido, luchaba por no escuchar los detalles sórdidos de las andanzas de JuanPablo y Vanessa (quien jamás fue mencionada por su nombre, sino haciendo uso de una larga variedad de sinónimos de puta).

“¿Pero de qué hablás?”

En verdad, la historia no era compleja ni singular. Una esposa con muchos reparos, una extraña sin reparo alguno, y un marido inapetente de la primera y famélico de la segunda. Y tal como dijera Pascal “el corazón (o en este caso el quinto miembro) tiene motivos que la razón ignora”, así la razón de JuanPablo Sr ignoró el consejo de nuestro gran filósofo rosarino “Donde se come no se manipulea.”

“El delator”, eufórico de satisfacción y envidia, seguía ventilando el barato escándalo:

“¡Qué! ¿Me vas a decir que no sabés? Te hablo de la mujer del tipo al que le alquilaban el galpón ustedes dos. Se ve que la jovata estaba medio desatendida, y hay que decir que JuanPablo también… AnaLaura fue siempre una fruncida. Nada, al toque hubo onda. Entonces, la mina dos por tres se daba una vueltita por el galpón tipo mediodía y ahí, palo y a la bolsa. Ahí, frente a las narices del marido.”

JuanManuel trató de hacer memoria para entender por qué jamás se dio cuenta, y por qué JuanPablo nunca le confió su secreto a él, su mejor amigo… siempre tan unidos, nunca una discordia. Ah-ah, un momento… recordó entonces un episodio excepcional: dos años atrás habían tenido un desacuerdo muy grande, casi una pelea. JuanManuel quería renovar el alquiler y quedarse en el galpón unos años más, pero JuanPablo se negó rotundamente, aún perdiendo mucho dinero con la decisión.

Justo cuando un hilito de luz empezaba a penetrar su entendimiento, cuando creía haber comprendido todo, “el delator” apuró la conclusión:

“Y todo terminó cuando el marido de la mina se apareció de sorpresa. No dijo nada. Solo les mostró lo que tenía en sus manos: un video y un fierro. Todo filmado, nada que discutir. Por eso los rajaron a ustedes del galpón… … … ¡Pero qué cara! ¡Y yo que pensaba que la única que no sabía nada era AnaLaura…! aunque no sé, me parece que sabe pero se hace la distraída.”

Le vino a la mente esa frase vulgar que había oído una vez: lo peor de que te metan los cuernos no es el engaño, es la cara de boludo que te queda. Y mirando la foto que creyó perfecta, ya no podía ver a AnaLaura como antes. Le veía cara de boluda.

Dicen también que el cornudo es el último en enterarse, y hasta el momento JuanManuel venía quedado penúltimo, muy cerca de tener también cara de boludo. ¿Y si AnaLaura sí sabía?

Por eso contó todo.

Así fue como me enteré… y ahora también lo sabés vos.

Rumor Has It LISTEN

21 - Adele

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4 pensamientos en “El último en enterarse

  1. Me gustaron mucho estas frases como resumen de la historia: ” Una esposa con muchos reparos, una extraña sin reparo alguno, y un marido inapetente de la primera y famélico de la segunda.”

    P/D: Disculpe, el galpón sigue en alquiler..?

    Felicitaciones!!

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