Un golpe de suerte

jackpotJavier había jurado nunca más entrar a una sala de juego. A ninguna. Y menos a las que tienen tragamonedas.

Esas maquinitas tienen el nombre equivocado. Deberían llamarse tragafortunas, tragatiempo, tragavidas… o no… quizá el truco esté justamente en el nombre. Porque pensamos: ¿qué tanto se puede perder de a monedas? ¿Y por qué todo el mundo cree ciegamente que puede ganar una fortuna con un par de monedas? Y después resulta que dejás unas monedas de propina por el café, le das al pibe un peso para la birra, perdés no sabés cuántas monedas por el agujerito del bolsillo, le tirás un par de monedas al trapito para que (no) te cuide el auto, le aceptás caramelos al chino y él se queda con tus monedas. Al final del día se te fueron unos cuantos pesos y te jode. Pero a la maquinita le vas a dar lo que te pida sin dudar, sin pensar, ni comer, ni dormir.

Javier había tenido la suerte de conseguir un buen trabajo, uno de esos que ocupan poco tiempo a cambio de buena paga. Una ecuación ideal: más tiempo para jugarse todo lo que ganaba. Un tiempo (el suyo) que no se medía con relojes; esos inocentes y caprichosos limoncitos, campanitas o guinditas le habían robado la vida de a minutos, horas y días con sus noches… de a monedas. Trabajaba, cobraba, jugaba, perdía. Algunas veces la suerte le sonrió, pero la mayoría de ellas fue solo para burlarse de él. Porque también conoció el sabor de la victoria. Victorias tan gloriosas como efímeras, que duraban lo que tardaba la máquina en cobrarse revancha. No era una buena vida, no era divertido, no era un juego. Un día se cansó, a tal punto que decidió firmar un papel que autorizaba a cualquier funcionario de cualquier casa de juego a negarle la entrada o a echarlo inmediatamente del salón. Un documento con foto y todo. Basta.

Bueno, en realidad el “basta” vino después de entrar a un casino con el pelo teñido y unos anteojos enormes negando rotundamente ser Javier Ordoñez. Lo sacaron a patadas igual.

Llegó a una edad en la que los demás malcrían nietos, riegan el pasto y van al médico más seguido que a comprar el diario. Javier no hizo nada, no tuvo esposa, hijos, nietos ni perro. No tuvo tiempo… se lo había gastado todo persiguiendo un golpe de suerte, y recuperándose de los golpes que la suerte le dio a él. Decidió que lo mejor sería irse de la ciudad para no tentarse. Y aún así no podía pasar cerca ni de un bingo sin sentir el ansia. Pero es que están por todos lados ¡qué viciosa que es la gente! ¿No puede haber un pueblo sin timba?

No Javier, no lo hay.

Y sin embargo, resistió. Con todas las apuestas en su contra, hizo saltar la banca manteniéndose largo tiempo sin jugar. “¡Púdranse, perdedores! ¿Se jugaban todo a que no iba a aguantar? Ahora sí gané yo”. Pero como tantas otras victorias, ésta también le duró poco. Los tiempos cambiaron y sobrevino una época más bien tirando a espantosa… casi no había trabajo y sus ahorros se fueron diluyendo. Por primera vez en su vida tuvo que trabajar de cualquier cosa por unas pocas monedas, qué gracioso. Pero no se amargó porque pensándolo bien, para él era igual, siempre anduvo con los bolsillos vacíos.

Últimamente venía haciendo unos laburitos para un piojoso cuya única virtud consistía en inventar excusas ingeniosas para no pagar. Javier, con su nueva y austerísima vida aguantaba hasta el extremo. Metió la mano en el bolsillo. Cien pesos, lo último. “Pagame, loco.” “Disculpá Javier, pero es que no tengo una moneda, la semana que viene entra una guita y te pago todo lo que te debo.” Esto sí que era una burla. Tanto esfuerzo evitando que las diabólicas maquinitas se tragaran sus monedas y se las viene a tragar este rotoso.

“Bancame una semanita, Javier.” Una semana con cien pesos. Lo miró no sin algo de deprecio. Ni le contestó, dio media vuelta y sin dudar enfiló derecho para el bingo. Y eso que había jurado nunca más entrar a una sala de juego. A ninguna…

Jackpot. Ganó cien lucas y se volvió a casita. Mañana será otro día.

Get Lucky WATCH

Random Access Memories - Daft Punk

 

 

 

 

 

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3 pensamientos en “Un golpe de suerte

  1. Es buenísimo, estallé cuando se tiño el pelo! jaja
    Tus relatos de la vida cotidiana, simplemente, me encantan!
    y un aplauso para la musicalización, aguante Daft Punk (cuando no escucho Megadeth lo pongo; que no se entere nadie shhh…)
    Besos y hasta más ver!

    • Pobre tipo… menos mal que no se le ocurrió vestirse de mina!
      Y con la música, bueno, hay algo para cada momento… yo por ejemplo no oculto el hecho de que me gusta Raffaella Carra, y Ministry también :)
      Gracias x tu comentario.

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