Poder de convección

Sentados en un parque, apenas conociéndose.
El chico, sereno.
La chica, áspera.
La mente de la chica, buscando la quinta pata al gato.

“Lindo e inteligente. Qué extraña combinación. Veamos si es verdad, si pasa la prueba de la conversación vacía.”

– ¿Así que sos de Leo?
– Sí.
– Si sos como los que conozco, serás más bien pacífico… pero mejor no tenerte de enemigo, ¿no?
– Puede ser. ¿Pero quién no es un poco así?… ¿Y vos?

“Casi miento. Porque me conviene mentir… pero nunca hago lo que me conviene.”

– Soy de Escorpio.
– De Octubre o Noviembre, ¿por ahí, no?

“No lo puedo creer. No se espantó. No se le transfiguró la cara. Sigue lindo… un poco más lindo. Vamos a arruinarlo todo.”

– Sí, de Noviembre… para más datos, mi signo es de agua. El tuyo es de fuego. Nada que ver.

“Esto va para atrás, o yo lo apago a él, o él me evapora a mí.”

– ¿Cómo nada que ver? ¿Yo fuego y vos agua? Creo que de eso puede salir algo muy bueno: unos ricos mates.

Dijo, y me conquistó.

Un poco de amor francés LISTEN

La mosca y la Sopa - PR&RR

 

Un ojo blindado

ojoNo puede ser. Los análisis clínicos me dieron perfecto otra vez. Hace como 5 años que la empresa me obliga a hacerme exámenes médicos con el pretexto de las medidas sanitarias y no sé qué patrañas. Y siempre me dan bien. ¡No puede ser, acá hay algo raro! Un tipo que fuma como un escuerzo, que come como una piraña, que bebe como un camello, que coge como un perro (aparte de que debería ser examinado por un veterinario) no puede tener el colesterol bien, los pulmones limpios, y el hígado entero. Insisto, debe haber algún tipo de trampa. Porque yo no confío en nadie, y mucho menos en los médicos, jamás iría voluntariamente a uno. Porque son unos mentirosos, unos asesinos, unos psicópatas, unos ladrones que comercian con la salud de de los enfermos, y con la enfermedad de los sanos también. Nunca fui al dentista porque te dicen que te hacen esto y aquello, y yo ¿cómo sé que no me están mintiendo si no puedo ver nada? Yo lo arreglo fácil. En el cajón de la cocina tengo una tenaza que uso generalmente para girar la perilla rota del horno y algunas veces para sacarme las muelas. Un litro de vodka, un tirón y chau muela. Del resto el cuerpo se encarga solo.

Yo no puedo bajar la guardia ni un minuto. Porque siempre hay alguien que te quiere cagar. Los médicos más, porque encima son unos sádicos. Aunque en este caso, creo que mis superiores están confabulados también, porque ¿para qué obligarme a hacerme exámenes? ¿por qué siempre dan bien? ¿y por qué siempre en la misma clínica? Ignoro cuáles serán sus propósitos, pero sea lo que fuere que esté pasando, lo voy a averiguar. Dirán que soy paranoico, pero hasta los paranoicos tienen enemigos.

Decididamente en contra de mis convicciones, pedí hacerme los exámenes de nuevo, pero con la condición de que yo elegiría el lugar. Aceptaron sin objeciones. Si bien era lo que yo quería, esa actitud condescendiente me generó desconfianza. Elegí uno que me quedaba en la otra punta de la ciudad, uno cualquiera, no importa, con tal de que no fuera el de siempre.

Llegué bien temprano. Me hicieron pasar a un amplio consultorio y me hicieron esperar un rato. Aproveché para estudiar el terreno: el estilo moderno, despojado y estéril de las instalaciones era levemente inquietante. Extrañamente, la camilla estaba ubicada en el medio de la habitación, había un escritorio hacia un rincón, las paredes, piso y techo eran blanquísimos y había dos puertas: una por donde entré y una más chica al otro lado. La iluminación me recordaba a la de una nave espacial, como en las películas. Eso, parecía la nave del Octavo Pasajero. Solo una cosa parecía fuera de contexto: en una de las paredes se erigía un gran espejo.

¿Un espejo en un consultorio? Me quedó clarísimo… a mí no me engañan! ¿Qué función puede cumplir un espejo ahí que no fuera la de disimular una cámara Gesell? Estaba seguro de que del otro lado había gente, que estaban ahí para observarme y que de hecho, estaban haciéndolo en ese instante; con el propósito de hacerles creer que había caído en el engaño, me acerqué al espejo y fingí acicalar mi barba, también me acomodé el pelo y la ropa. Qué imbéciles…

Unos minutos después vino el canalla correspondiente. Me auscultó, me tomó la presión, me extrajo sangre y se retiró. Aprovechando que estaba solo otra vez, me concentré en agudizar mi oído al máximo para confirmar mis sospechas sin que ellos, los de detrás del espejo se dieran cuenta. Pero el canalla volvió demasiado pronto.

“Bueno, todo bien, ya casi terminamos. Ahora, bajate los pantalones”

“¿Qué?”

“Que te bajes los pantalones flaco, es una inyección… ah, y apuntá las nalgas para allá” en obvia alusión al gran espejo.

“Ta’ bien, pero ya vas a ver hijo de puta”, pensé.

Le clavé la mirada y apreté los dientes, mientras muy lentamente me desabrochaba el cinturón y empezaba a bajarme el pantalón y los calzoncillos, siempre con la vista fija en el médico y el culo apuntando al espejo. Cuando sentí que tenía la situación controlada, me lancé con la velocidad de un rayo y lo tiré al piso de un empujón. Inmediatamente pegué media vuelta y corrí hacia la puerta chica con los pantalones a medio caer. Al abrirla solo encontré una sala oscura y silenciosa.

¡Mmmmierda!

Vacilé unos segundos, y luego estiré mi mano hasta encontrar la tecla de las luces. Y sí, ahí estaban los muy hijos de puta riendo a carcajadas. Le metí una trompada a uno pero cuando quise embocar al segundo, los pantalones se enredaron en mis piernas y la piña pasó de largo. Caí al piso y me recontracagaron a patadas.

No recuerdo cómo me las arreglé para salir… solo recuerdo que terminé en un bar de mala muerte a las 9 de la mañana tomando un cointreau detrás del otro, con el cuerpo molido a golpes y masticando rabia. ¿A cuántos les habrán hecho lo mismo? Claro que nadie, excepto yo, se habrá enterado nunca. ¿Y mis superiores? Eso todavía lo tengo que estudiar, porque yo elegí el lugar… pero ellos no se opusieron… seguro que saben y también se deben estar burlando de mí. Pero primero, lo primero… estos degenerados no se la van a llevar de arriba. Tengo un plan: me voy a meter en el Sindicato, y voy a trepar, y cuando llegue lo suficientemente alto, desde ahí los voy a hacer mierda.

La buena, no van a joder a nadie más.

La mala es que nunca voy a saber cómo me dieron los análisis.

El ojo blindado LISTEN

Llegando los monos - Sumo

Un golpe de suerte

jackpotJavier había jurado nunca más entrar a una sala de juego. A ninguna. Y menos a las que tienen tragamonedas.

Esas maquinitas tienen el nombre equivocado. Deberían llamarse tragafortunas, tragatiempo, tragavidas… o no… quizá el truco esté justamente en el nombre. Porque pensamos: ¿qué tanto se puede perder de a monedas? ¿Y por qué todo el mundo cree ciegamente que puede ganar una fortuna con un par de monedas? Y después resulta que dejás unas monedas de propina por el café, le das al pibe un peso para la birra, perdés no sabés cuántas monedas por el agujerito del bolsillo, le tirás un par de monedas al trapito para que (no) te cuide el auto, le aceptás caramelos al chino y él se queda con tus monedas. Al final del día se te fueron unos cuantos pesos y te jode. Pero a la maquinita le vas a dar lo que te pida sin dudar, sin pensar, ni comer, ni dormir.

Javier había tenido la suerte de conseguir un buen trabajo, uno de esos que ocupan poco tiempo a cambio de buena paga. Una ecuación ideal: más tiempo para jugarse todo lo que ganaba. Un tiempo (el suyo) que no se medía con relojes; esos inocentes y caprichosos limoncitos, campanitas o guinditas le habían robado la vida de a minutos, horas y días con sus noches… de a monedas. Trabajaba, cobraba, jugaba, perdía. Algunas veces la suerte le sonrió, pero la mayoría de ellas fue solo para burlarse de él. Porque también conoció el sabor de la victoria. Victorias tan gloriosas como efímeras, que duraban lo que tardaba la máquina en cobrarse revancha. No era una buena vida, no era divertido, no era un juego. Un día se cansó, a tal punto que decidió firmar un papel que autorizaba a cualquier funcionario de cualquier casa de juego a negarle la entrada o a echarlo inmediatamente del salón. Un documento con foto y todo. Basta.

Bueno, en realidad el “basta” vino después de entrar a un casino con el pelo teñido y unos anteojos enormes negando rotundamente ser Javier Ordoñez. Lo sacaron a patadas igual.

Llegó a una edad en la que los demás malcrían nietos, riegan el pasto y van al médico más seguido que a comprar el diario. Javier no hizo nada, no tuvo esposa, hijos, nietos ni perro. No tuvo tiempo… se lo había gastado todo persiguiendo un golpe de suerte, y recuperándose de los golpes que la suerte le dio a él. Decidió que lo mejor sería irse de la ciudad para no tentarse. Y aún así no podía pasar cerca ni de un bingo sin sentir el ansia. Pero es que están por todos lados ¡qué viciosa que es la gente! ¿No puede haber un pueblo sin timba?

No Javier, no lo hay.

Y sin embargo, resistió. Con todas las apuestas en su contra, hizo saltar la banca manteniéndose largo tiempo sin jugar. “¡Púdranse, perdedores! ¿Se jugaban todo a que no iba a aguantar? Ahora sí gané yo”. Pero como tantas otras victorias, ésta también le duró poco. Los tiempos cambiaron y sobrevino una época más bien tirando a espantosa… casi no había trabajo y sus ahorros se fueron diluyendo. Por primera vez en su vida tuvo que trabajar de cualquier cosa por unas pocas monedas, qué gracioso. Pero no se amargó porque pensándolo bien, para él era igual, siempre anduvo con los bolsillos vacíos.

Últimamente venía haciendo unos laburitos para un piojoso cuya única virtud consistía en inventar excusas ingeniosas para no pagar. Javier, con su nueva y austerísima vida aguantaba hasta el extremo. Metió la mano en el bolsillo. Cien pesos, lo último. “Pagame, loco.” “Disculpá Javier, pero es que no tengo una moneda, la semana que viene entra una guita y te pago todo lo que te debo.” Esto sí que era una burla. Tanto esfuerzo evitando que las diabólicas maquinitas se tragaran sus monedas y se las viene a tragar este rotoso.

“Bancame una semanita, Javier.” Una semana con cien pesos. Lo miró no sin algo de deprecio. Ni le contestó, dio media vuelta y sin dudar enfiló derecho para el bingo. Y eso que había jurado nunca más entrar a una sala de juego. A ninguna…

Jackpot. Ganó cien lucas y se volvió a casita. Mañana será otro día.

Get Lucky WATCH

Random Access Memories - Daft Punk

 

 

 

 

 

El último en enterarse

gossip girls“JuanManuel, ¿ya lo tomaste? Dale, pasame el mate…” Desolado, seguía contemplando lo que creía era la foto perfecta: todos alrededor de AnaLaura, JuanPablo (Sr.) y Juampi (o JuanPablo Jr.), y en el centro la torta de cumpleaños insinuada por las temblorosas lucecitas. El rubio retoño, completamente ajeno a lo que ocurría más allá del resplandor de sus cuatro velitas, le regalaba a la cámara una sonrisa radiante. JuanPablo Sr. se veía protector abrazando a su familia. Un momento hermoso. Pero mirando la foto más detenidamente, notó que AnaLaura, la esposa de su mejor amigo, la cara apenas iluminada, los ojos entornados en un beso dulce de mamá, reflejaba una felicidad opaca. Y al observar el resto de la escena la foto se volvía triste y patética, con los parientes, amigos y allegados con sus tontas sonrisas y festivas palmas… y también con su hipocresía, porque todos sabían.

JuanManuel no. Él no sabía nada cuando sacó esa foto. Pero le contaron, y su mundito se le vino abajo. Y es que JuanManuel era como un monaguillo pero de 40 años. Sus mocasines marrones y sus jeans planchados hablaban por él: era pulcro, estructurado, sin lugar para la picardía… era ingenuo.

Como si tuviera una papa caliente en las manos, vino corriendo después de la fiesta a tomar unos mates, de esos que realmente se necesitan porque te hacen sentir acompañado y porque te aflojan la lengua. Así es que fuimos testigos de cómo la poca inocencia que le quedaba se le había esfumado ese día. Ese preciso día. Fue un amigo de su mejor amigo (en adelante “el delator”) el que por culpa de unas copitas de más, o por pura maldad abrió la bocota:

“¡Quién hubiera dicho que íbamos a ver esto alguna vez! Ahí lo tenés al muy chanta. ¡Si AnaLaura supiera!”

“¿Si supiera qué?”

“¿Qué va a ser, boludo? Que casi la larga a la mierda por un gato viejo. ¡No me vas a decir que no sabías!”

Por un momento creyó estar viviendo una realidad paralela, o quizá una realidad un escalón más abajo, porque sintió algo parecido a un golpe. De ninguna manera podía ser posible que JuanPablo, su mejor amigo, su socio, un modelo de padre de familia, que él fuera capaz de… nonono. Definitivamente se trataba de un error. Todavía confundido, luchaba por no escuchar los detalles sórdidos de las andanzas de JuanPablo y Vanessa (quien jamás fue mencionada por su nombre, sino haciendo uso de una larga variedad de sinónimos de puta).

“¿Pero de qué hablás?”

En verdad, la historia no era compleja ni singular. Una esposa con muchos reparos, una extraña sin reparo alguno, y un marido inapetente de la primera y famélico de la segunda. Y tal como dijera Pascal “el corazón (o en este caso el quinto miembro) tiene motivos que la razón ignora”, así la razón de JuanPablo Sr ignoró el consejo de nuestro gran filósofo rosarino “Donde se come no se manipulea.”

“El delator”, eufórico de satisfacción y envidia, seguía ventilando el barato escándalo:

“¡Qué! ¿Me vas a decir que no sabés? Te hablo de la mujer del tipo al que le alquilaban el galpón ustedes dos. Se ve que la jovata estaba medio desatendida, y hay que decir que JuanPablo también… AnaLaura fue siempre una fruncida. Nada, al toque hubo onda. Entonces, la mina dos por tres se daba una vueltita por el galpón tipo mediodía y ahí, palo y a la bolsa. Ahí, frente a las narices del marido.”

JuanManuel trató de hacer memoria para entender por qué jamás se dio cuenta, y por qué JuanPablo nunca le confió su secreto a él, su mejor amigo… siempre tan unidos, nunca una discordia. Ah-ah, un momento… recordó entonces un episodio excepcional: dos años atrás habían tenido un desacuerdo muy grande, casi una pelea. JuanManuel quería renovar el alquiler y quedarse en el galpón unos años más, pero JuanPablo se negó rotundamente, aún perdiendo mucho dinero con la decisión.

Justo cuando un hilito de luz empezaba a penetrar su entendimiento, cuando creía haber comprendido todo, “el delator” apuró la conclusión:

“Y todo terminó cuando el marido de la mina se apareció de sorpresa. No dijo nada. Solo les mostró lo que tenía en sus manos: un video y un fierro. Todo filmado, nada que discutir. Por eso los rajaron a ustedes del galpón… … … ¡Pero qué cara! ¡Y yo que pensaba que la única que no sabía nada era AnaLaura…! aunque no sé, me parece que sabe pero se hace la distraída.”

Le vino a la mente esa frase vulgar que había oído una vez: lo peor de que te metan los cuernos no es el engaño, es la cara de boludo que te queda. Y mirando la foto que creyó perfecta, ya no podía ver a AnaLaura como antes. Le veía cara de boluda.

Dicen también que el cornudo es el último en enterarse, y hasta el momento JuanManuel venía quedado penúltimo, muy cerca de tener también cara de boludo. ¿Y si AnaLaura sí sabía?

Por eso contó todo.

Así fue como me enteré… y ahora también lo sabés vos.

Rumor Has It LISTEN

21 - Adele

Angel Face

Angel-Face“Hubo un gran combate en los cielos. Miguel y sus ángeles lucharon contra el Dragón. También el Dragón y sus ángeles combatieron, pero no prevalecieron y no hubo ya lugar en el Cielo para ellos. Y fue arrojado el Dragón, la Serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás, el seductor del mundo entero; fue arrojado a la tierra y sus ángeles con él.”

(Apocalipsis 12, 7-9)

Todos los recién nacidos parecen angelitos, se ve que les quedan algunas marcas de su estado anterior. Pero Miguel tenía cara de ángel de verdad, y aún la conserva. De la misma manera que conserva en su billetera ese pasaje de la Biblia que le regalaron una vez. No es más bueno que la mayoría de la gente, ni más malo tampoco, pero esa carita… los que lo conocen bien le tienen algo parecido al temor.

Y razones no les faltan.

Por ejemplo, lo que le pasó al ‘Loco’ Araujo. El Loco era un ganador (porque ganaba siempre y porque no reconocía las derrotas). Estaba por encima de cualquier exceso, sea de velocidad, de alcohol, de cocaína, de orgías (sí, ¿por qué no puede haber un exceso de orgías?), hasta su forma de practicar deportes era un exceso y sin embargo se lo notaba sanito sanito. Nadie se explica entonces cómo pudo haber tenido una muerte tan tonta. Lo mató una sopa instantánea.

Miguel no conocía mucho al Loco, pero le tocó estar cerca en ocasión de un torneo deportivo en su provincia. Como cada año, Miguel participaba de la organización y como buen gaucho, estaba dispuesto a ayudar en lo que fuera. El hábil Loco no tardó en clavar sus garras en el hombro de Miguel: “¿me acompaña muchacho?”

Jugó al futbol, al rugby, al pato y ahora le tocaba tenis. Y Miguel le alcanzaba agua, una toalla, un Gaitorai, casi como un esclavo. Venía ganando, pero en equipo. Acá era él contra el otro. Se sentía agotado, pero le iba a ganar a cualquier precio. A medida que el sol de la tarde se ponía más fuerte, el Loco sentía cada vez más frío, sudaba y tiritaba a la vez. Miguel pensó que estaría engripado y en el descanso le alcanzó una sopita Quick que le causo al Loco una muerte igual de quick.

Dicen que pudo haber sido la presión o el corazón. Pero Miguel, ignorante de los desastres que venía haciendo el Loco, no podía evitar sentirse culpable, algo así como el emisario de la Muerte.

Don Braulio lo consolaba: “Cuchame Miguel, te digo que no te hagás más problema por el Loco. Ese tipo era una desgracia. ¿Por qué te creés que tenía tanta plata? Ha estafao a unos cuantos. Y la pobre viuda no pasa por la puerta de los cuernos que le ha hecho. Un sinvergüenza. Bien muerto está y si tuviste algo que ver, llamáte justiciero.”

Con el tiempo los fantasmas abandonaran los pensamientos de Miguel dejándolo indefenso para el siguiente suceso.

Las rutas que conocía casi siempre estaban desiertas. La camioneta cruzada en el camino y la señora que daba vueltas alrededor agarrándose la cabeza parecían un espejismo. Nadie paró a ayudar. Miguel sí, claro. Al volante había un hombre inconsciente con el rostro casi morado. Es un infarto, hay que sacarlo del auto. Los 163 kilos que probablemente hayan ahogado su corazón, casi les parten las espaldas a su esposa y a Miguel en el intento. Lograron acostarlo en el pavimento y Miguel empezó con la resucitación (esta vez no me agarran, pensó recordando lo del Loco). Con todas sus fuerzas empujó ese tórax de caballo y con todo su aire trató de llenar esos pulmones mórbidos. Justo pasó el Tito que también paró para ayudar, cuando el casi muerto vomitó y volvió a respirar. Casi un milagro.

Hay que llevarlo al hospital… pero acostado. No entra, ¡no entra! Si vomita de vuelta así sentado se ahoga. Entre los tres buscaron la forma de reclinarlo lo más posible. No llegó al hospital. Se ahogó en su vómito y murió otra vez.

Y Don Braulio: “Pero Miguel, no te hagás mala sangre ¿vos sabés quién era el gordo ése? Era el gordo Morales. Una basura de tipo. La mujer si corría alrededor de la camioneta sería pa’ festejar. Si la ha cagao a palos toda la vida. Dicen que le pegaba a la madre también. No se ha conocido rata más grande. Vos lo quisiste salvar, pero lo llevaste sentado. Llamáte justiciero…”

Después de experiencias como ésas, Miguel sentía que su lazo con la Muerte era cada vez más estrecho, aunque no podía entender la naturaleza y mucho menos el propósito de un lazo semejante. Sin embargo, una noche de invierno en la ruta, creyó empezar a comprender.

Manejaba solo, atravesando la inmensa pampa, fría y oscura, tanto o más monótona que de día. El camino recto y la luz de su camioneta creaban una garganta imaginaria que lo tragaba de sueño. Y de todos modos ya eran como las 4 de la mañana. Salió del camino para dormir un poco. Se acomodó serenamente.

“Toc…, toc…, toc…” Pegó un salto y miró a su alrededor. Alguien golpeó su camioneta, pero no había nadie. Debe ser el cansancio, a dormir. “Toc…, toc…, toc…” Tres golpes de nuevo. Se quedó quieto, escuchando… nada. Miró bien hacia afuera… nadie. Debe ser algún animalito, a dormir pues. “Toc…, toc…, toc…” Esta vez palideció. No eran ni su imaginación ni un animalito. Acá hay un cristiano (ojalá) golpeándole a él. Se bajó decidido y con ayuda de una linterna inspeccionó minuciosamente los alrededores. Nada.

Las cosas no estaban para una cuarta vez, y además el sueño definitivamente se le fue. Puso primera y se alejó lo más que pudo del lugar.

A la mañana siguiente emprendió el viaje de vuelta por el mismo camino. Notó con sorpresa que llegando al lugar en donde había parado la víspera, había un tránsito inusual. Un inmenso camión se había salido de la ruta. Aún estaba ahí. Sí, ahí mismo donde él había parado para dormir. “¿Cuándo pasó esto?” preguntó con voz temblorosa. “A eso de las 4 y pico de la mañana.” Pensó de inmediato en el toc-toc-toc. Si no hubiera escuchado los golpes, ahora estaría muerto bajo ese camión. Tan muerto como el camionero. ¿Pero por qué le tocaba vivir estas cosas últimamente?

Parece que venía endemoniado el hombre. Me informaron de los pueblos vecinos que lo han visto bebiendo… en fin, hasta acá llegó, éste no jode más. ¿Cuál es la identidad del occiso?” preguntó el cabo. Su ayudante, tratando de leer el nombre en el DNI roto y manchado, apenas podía adivinar: “Lu.. Luci… Lucio? Fer… Fer…, debe ser Fernández, mi cabo.

Miguel, cara de ángel, por fin entendió… “justiciero”, le había dicho Don Braulio, “justiciero…” y recordó: hubo un gran combate en los Cielos… parece que en las pampas también, cada tanto.

Heaven or Las Vegas WATCH

cocteau twins - heaven or las vegas

Blancanieves y un enano

BlancanievesPerla era hermosa como un paisaje muy nevado. Es decir, un paisaje muy nevado parece algo hermoso, pero en realidad es igual a cualquier otra cosa tapada de nieve, todo es blanco con algo de gris y nada más. Si ves un paisaje antártico, siberiano, tibetano o si nevó mucho en Berazategui, no notás la diferencia. Bueno, Perla era algo así, bien blanca, el cabello negro y largo, ojos grises, altísima, delgada, tirando a perfecta digamos, pero no tenía una pizca de personalidad. No había en ella un solo rasgo distintivo, algo genuino que indicara: “así es Perla”.

Para colmo le pusieron Perla. ¡Perla! Para que nazca una perla, quién sabe cuánto tiempo pasa una ostra transformando un simple granito de arena en una bolita preciosa, única… no hay una perla exactamente igual a otra. Nada que ver con ella, que no encontraba la forma de ser única, particular y preciada.

Lo intentaba, sin embargo. Dudosamente haya sido una decisión consciente, pero de alguna manera eligió el camino más fácil para inventar un modo de ser: no gastaba ni un poquito de energía en ser simpática, no se molestaba en cultivar amistades y ante la duda prefería adoptar una actitud distante, fría, lindando con la maldad. Porque es re fácil. Es mejor decir que no te interesa caerle bien a la gente, a reconocer que no le caés bien a nadie. Es mejor decir que no necesitás amigos, a reconocer que nadie te quiere de amiga. Es mejor hacerse la mala, que intentar ser buena gente.

Claro que para vivir en sociedad tenía que pagar algún precio cada tanto (o al menos algunos peajes). Cuando realmente necesitaba algo de alguien, dibujaba una sonrisa como quien se pega un bigote falso. Cuando necesitaba caerle bien a alguien, ensayaba una vocecita aniñada tan poco creíble que hasta un bebé de un año bien podría haberle dicho “¡pero madurá!”. Otra táctica era la de mimetizarse con otro para tener forma de algo. Pero quizá el costo más alto era que a la larga tantas mutaciones la dejaban vacía de entidad. Por ejemplo, era muy fácil darse cuenta de cuándo tenía novio nuevo porque sus listas de mp3 cambiaban por completo. Si el tipo era escritor, ella andaba con libros nuevos bajo el brazo. Si en cambio era teatrero, aguantaba estoicamente aburridísimas obras. Si resultaba ser músico, iba corriendo a sacar entradas para cualquier concierto. Menos mal que hasta el momento no se metió con ningún buzo porque sería muy capaz de andar por todos lados en patas de rana.

Daban ganas de regalarle un GPS (Gain Personality Soon) para que se orientara un poco y dejara de andar vagando por calles sin salida, ensayando en cada una, una postura diferente, una forma de vestir adoptada, una actuación tras otra, con el magro resultado de seguir vacía y encima con mala onda.

Sin embargo, muchas veces uno encuentra lo que busca en donde menos lo espera.

Una tarde fue a tomar el té con una “especie de amiga” en uno de esos lugares en donde las mamás pueden charlar un rato mientras sus hijitos juegan al cuidado de alguien más. Algunos hacían piruetas en el pelotero, otros corrían de aquí para allá y otros jugaban en donde les daba la gana, por ejemplo en el medio del paso, entre las mesas o debajo de las mismas.

Había un grupo de chiquitos muy tranquilos sentados en el suelo, jugando a personificar cuentos de hadas. Al igual que Perla, hacían de cuenta que eran otros y se disputaban los papeles de princesas, duendes, príncipes y hadas. Perla saludó a su “especie de amiga” y cuando se dispuso a salir se topó con estos nenitos. Un peaje sencillo de pasar. Solo se trataba de niños… con pegarse la sonrisa postiza y usar la (ahora) muy útil vocecita de nena, más que suficiente: “Permisooo… ¿pueeedo pasaaaar?” El de 3 años miró hacia las alturas hasta encontrar la cara de Perla. La estudió unos segundos frunciendo el ceño y luego se presentó: “Yo soy el rey, ella es un hada y ella la princesa… ¿y vos quien sos? … … ¡Ah! ¡Vos sos la bruja!”

Por fin.

She’s So Cold WATCH

The Rolling Stones - She s So Cold

El pasto más verde

Sophia_and_jayneIgualito que en el famoso cuadro de Dalí. Todo estaba derretido: el asfalto, el caucho, el cuerpo, el campo, todo. Iban a 110 en su Fiestita 3 puertas, base, Modelo Siglo XX (ni vale la pena mencionar el año) rumbo al mar, de vacaciones, con el malón. Aunque los únicos que parecían indios eran ellos: casi en cuero, brillantes de sudor y opacos por la tierra que entraba por las ventanillas y que se les pegaba en la piel y en el pelo, mientras los demás los pasaban casi por encima, frescos, elegantes, exitosos.

El sol de mediodía sugería y sus estómagos suplicaban un sánguche y una coca – el Fiestita solo pedía que lo dejen morir en paz. Pero no, le llenaron el tanque y lo dejaron un rato a la sombra.

En la estación de servicio se sentían mucho más frescos, no tanto por el aire acondicionado sino por cómo los desplumaron con el precio del insípido almuerzo. Sentados junto a uno de los inmensos ventanales, miraban hacia afuera con ojos de vaca, rumiando el pan seco con fetas de fiambre transparentes, y el rencor por tener unas vacaciones tan grasa… pero no hay que quejarse (se decían), hay gente que no puede irse a ninguna parte.

Mientras seguían masticando, en cierto momento las miradas perdidas encontraron un inevitable punto de encuentro: un radiante Mini Cooper tan nuevo que parecía tener la pintura fresca.

“¿Viste eso?”

“Sí, claro… si es un veneno…”

“No, pero mirá bien… tiene una calcomanía con el simbolito de discapacitado.”

“¿Y?”

“¿Cómo “y”? ¿Qué onda? Vos sabías que lo podés comprar más barato si sos discapacitado, no?”

“Sí, creo que la mitad de precio.”

“¿Y cuanto está ése masomeno?”

“Mmmm, ese modelo… y, debe andar en las 3 gambas.”

“O sea, gamba y media. Igual es un montón de guita: a lo que voy es que si podés pagar una gamba y media, podés pagar 3. Y si no, comprate un auto más modesto. ¿Ves? Yo no entiendo las leyes de acá. Eso del descuento tendría que ser para autos comunes, no autos de lujo. Si querés lujo, pagalo loco, seas discapacitado o no. Entendeme, pobre gente… pero la verdad que es un abuso, porque uno que está entero y labura no puede comprar ni la cuarta parte y estos tipos se aprovechan de su problema y a la final son mejores que vo’ y que yo!!”

“Y sí, una avivada…”

“Mirá, mirá la viejita que está por subirse al Mini. No me vas a decir que es una discapacitada, es vieja nomás. ¡Qué increíble! ¿Pero no te digo yo? En este país somos todos vivos…”

La anciana seguía de pie ahí afuera, cuando notaron que una mujer se acercaba al objeto de sus sueños. Distinguida, madura, el cabello lacio perfecto, la ropa elegantísima y anteojos de sol muy finos. Máquina y mujer encajaban como si hubieran sido hechos a medida.

Callaron un momento para observarla. Y después del rencor, la envidia y la indignación, la sorna.

“Pensándolo bien, la verdad que yo si me dan eso, un bracito me lo corto… ¡si tengo dos, jajaj!”

“Jaaa, seeee… total arriba de ese fierro ¡qué carajo te importa!”

Y mientras el resentimiento y el humor negro bailaban frenéticamente sobre la mesa, del otro lado del cristal la mujer a duras penas podía caminar. La vieron de cuerpo entero: con esfuerzo y acostumbramiento sus brazos sostenían unas muletas y unas piernas desproporcionadamente delgadas y deformadas, absolutamente inútiles.

La anciana la ayudó a acomodarse frente al volante y se fueron.

Cesaron las bromas. Avergonzados y agradecidos, se miraron.

“¿Vamo’?”

Loser LISTEN

IggyPopSkullRing

Nomeolvides

nomeolvidesYo guardo todo. No creo en eso de que hay que desprenderse de las cosas viejas para dejar espacio a las cosas nuevas. De última, siempre se puede comprar un mueble más y seguir guardando. Es más, siento pena por esos pobres infelices que aparecen en la tele acusados por su propia familia de ser acumuladores compulsivos. ¡Su propia familia los denuncia y los obliga a tirar toda una vida de recuerdos! No se dan una idea del daño que hacen.

Por ejemplo, yo tengo una pésima memoria, por lo cual me sirve guardarlo todo, para no olvidar. Cada cosa conservada, por más insignificante que parezca, representa algún momento memorable de mi vida, algo que vale la pena recordar. Para otro ese boleto capicúa, esa entrada de cine, esa monedita de Uruguay, esa piedrita de Córdoba, y así, son cositas para tirar. Pero no para mí. Es verdad sin embargo, que a veces mi método no da resultado, porque justamente por mi problema, me olvido de dónde guardé lo que busco, o encuentro cosas tan olvidadas que parecen ajenas. Hoy por ejemplo, me volví loco buscando unos comprobantes por un quilombo que tengo con el contador. No me acuerdo dónde los guardé. Revisé hasta las cajas más viejas y nada.

Así fue que encontré una amarillenta boleta de depósito sin completar de un banco que, y esto lo recuerdo bien, se fundió allá por 1985, pero no me acuerdo si tuve cuenta ahí. ¡Mierda, casi 30 años que tengo esto! Estaba un poco arrugada y le faltaban algunos pedacitos ¿la habré roto yo, o fueron las ratas? Bueh, no sé, pero lo interesante es que estaba escrita en el reverso con birome azul. Parecía un poema, medio mal escrito en una caligrafía completamente desconocida (u olvidada) por mí. Por suerte tenía firma: Jim y un corazón. ¿Jim? ¿De Jimena? ¿Y por qué Jim y no Jime? Claramente porque la segunda opción es infinitamente lamentable, pensé. O puede ser que la respuesta esté en el pedacito que falta. Jim, Jimena. ¿Qué Jimenas conozco? No recuerdo ninguna Jimena. Me esforcé por recordar a alguna chica que hubiera podido escribirme un poema, y que se llamara Jimena, claro. Quizá leyéndolo pueda recordarla:

“…mmm mmmm mmm… como un terrible huésped demasiado amigable que llevas a dormir…”

Son versos un tanto trágicos. ¿A qué se refieren? ¿Acaso hablan de mí? No, no puede ser. No puede ser que yo haya sido como la muerte para Jimena y ni siquiera la recuerde… ¡Pero entonces qué hace este papelito entre mis cosas!

“La muerte… mmm mmmm…. nos da alas donde teníamos hombros, suaves como garras de ave de rapiña…”

Bueno, evidentemente esta Jimena no tenía gran talento. La primera frase es demasiado obvia y el oxímoron final bastante previsible también. Por algo me la habré olvidado, se ve que no me gustaban sus poemas…

“mmm mmmm… este otro reino parece el mejor hasta que sus otras mandíbulas revelen incesto… ”

Mmmm… qué retorcida esta Jimena… Pero entonces, si era una chica tan peculiar, yo debería recordarla! Hace 25 o 30 años atrás no era tan fácil conseguirse una mina desprejuiciada, que fuera al frente, como ahora que te metés en Facebook y las ves a todas medio en bolas y con cara de vicio. ¡Ahí está! Podría probar buscando en Facebook, aunque solo con un nombre de pila me va a costar bastante. Y además ahora que me acuerdo, hace tanto que no me meto que me olvidé del usuario y contraseña que tenía. Qué memoria de mierda. Aunque puede que lo haya anotado en algún lado, seguro lo anoté, pero ¡dónde! Tiene que ser algún lugar fácil de recordar, pero no, en este momento no podría decir cuál. Creo que voy a hacer una excepción y voy a tirar este papel que finalmente no me recuerda nada, sino que más bien me inquieta, porque no puedo aceptar que no pueda recordar a Jimena.

“Paa, ¿qué estás haciendo?”

“Tirando porquerías”

“Qué raro vos tirando algo… a ver… ¿qué es este papelito?”

“No sé, hijo, debe ser algo que me escribió una novia mía, pero no me acuerdo de ninguna Jimena.”

“Pa, pero acá no dice Jimena, dice Jim.”

“Y bueno, Jim de Jimena, ¿qué va a ser si no?”

“Pará que lo leo…mmm…mmm… pero pa, esto es una letra de The Doors (medio mal traducida, hay que decirlo)”

“¿Ehh?”

“Sii, es un tema de ellos, pero te digo está traducido medio para el orto. ¿No te acordás? Los escuchabas cuando yo era chico. Esto es un poema de Jim Morrison de acá a la China. ¡Qué Jimena ni Jimena!”

“Sí, sí, ahora que me lo decís, claro que yo escuchaba a los Doors cuando era joven pero de este tema te juro que no me acuerdo.”

“Qué novedad, a ver ¿cómo me llamo? ¿Te acordás? jajaja”

“¡Haceme acordar que te cague a palos, pendejo!” (antes que me olvide)

El pibe tiene razón. Claro… Jim, de Jim Morrison. Qué boludo, cómo me olvidé. ¿Pero cómo fue que se me borró completamente que me gustaba esa música? Ahora que hago memoria, estoy seguro de que debo tener todos los discos guardados en alguna parte y las revistas con las letras de las canciones también, pero vaya uno a saber dónde las metí.

Tomé la reliquia de nuevo y la miré detenidamente. Está bien, digamos que no hubo ninguna Jimena, pero alguien tuvo que haber escrito esto y por algo lo habré guardado. A mí me gustaban los Doors, pero esta canción no la recuerdo. Bueno, tampoco a Jimena.

Pero entonces ¿de quién es esta letra? Mía no es. Yo nunca escribí en imprenta, bah, no me acuerdo. ¿Y si es mi letra? ¿Y si yo le quise regalar este poema a alguna chica fingiendo que era mío? ¿Sería para Jimena?

Por qué te vas LISTEN

Otras Canciones - Attaque 77

Y yo que ni una rifa gané…

liebsterblog-award…me encuentro con un premio para el que no compré ningún número!
Esto por supuesto es fruto de la casualidad: el hecho de que M.C. me  haya encontrado y como es una mina con onda, me premió.
Cito las reglas a seguir por los damnificados (como yo):
 
1) Nombrar y agradecer el reconocimiento de las personas que te hayan nominado.
2) Hacerte seguidor del blog que te ha concedido el premio.
3) Responder las 11 preguntas que hizo la persona que te nominó.
4) Conceder el premio a 11 blogs que se merecen ser conocidos, (todos con menos de 100 seguidores).
5) Crear 11 nuevas preguntas para tus nominados.
6) Informar del Award (premio) a cada propietario del blog que hayas nominado.
 Entonces, punto 1, por supuesto que te agradezco querida matera, no sólo el que me hayas nominado, sino también el modo en que alimentás tu blog, un lugar lindo para pasar, para quedarse un ratito y para llevarse esa sensación de que sí hay buena gente por ahí… aún en el cyberespacio! Punto 2, va de suyo. Pasemos al punto 3, que ahí te reconozco que me hiciste laburar (eso no me gustó), pero obedecí.
1- Cuando terminás de leer ¿pasás inmediatamente a otro libro o dejás que se asiente el que terminaste? Mmmm, más o menos, porque a veces leo dos libros a la vez y depende del humor que tenga, elijo uno u otro. De todos modos no leo compulsivamente, así que es más probable que haya una pausa antes de empezar un nuevo libro.
2- ¿Qué preferís: libro en papel, libro virtual, blogs, todos? En papel, primero leeejos. El virtual me cansa la vista. El blog me gusta para momentos puntuales.
3- ¿Sos de buscar autores desconocidos? No. No los busco, y si me los encuentro, no los leo jaj. (soy consciente de que todo lo que va, vuelve!!)
4- ¿Leer o escribir? Leer leer leer leer escribir leer leer escribir leer leer leer leer…
5- ¿Algún personaje o libro que te haya marcado o no puedas olvidar? Sobre Héroes y Tumbas con Informe sobre Ciegos incluido, y su pobre protagonista, Martín. Me mata además que uno de los personajes lleve mi nombre de pila.
6- ¿Te gusta comentar con otra persona sobre tus lecturas? Seee… pero últimamente no encuentro a nadie que quiera.
7- ¿Leés en voz alta? Sí. Pero me distraigo con el sonido de mi voz y no sé ni lo que leo. Así que tengo que releer en silencio.
8- ¿Te gusta compartir el momento y el lugar con otro mientras leés/escribís o preferís hacerlo en soledad? Y, no… porque lo hago o cuando hay tanta gente que parece que no hay nadie, o cuando no hay nadie de verdad.
9- Tu lugar favorito para leer/escribir. Para leer, los cafés o la playa. Para escribir, mi casa.
10- Tu momento del día para leer/escribir. Al atardecer.
11- ¿Tu escritor/a o personaje favorito? Qué difícil. Voy a inventar: el personaje (que no existe) de Cortázar que da las instrucciones para: subir una escalera, dar cuerda a un reloj, llorar, etc. Muy cínico. Me gusta.
Punto 4: estoy en problemas, no junto 11 ni de casualidad, pero los siguientes son fabulosos:
1. GirlOfSummer85’s Blog Si no tenés ganas de pensar, no la leas. Gracias, hada madrina.
2. Las estrellas estan ahi Una chica que parece tener un detector de belleza.
3. Lo que vi en el bondi En los colectivos pasan cosas, y acá te enterás.
4. Matinée de Depravados Obsceno hasta en lo bien que escribe.
5. Trapitos al sol Cuando escribía seguido, te quedabas esperando el siguiente post.
6. Un Enfermo de Pelicula Éste está enfermo de verdad. Crítica de cine de una, parecida a nada.
7. Una hora en Copenhagen A este guacho le compré un libro.
8. vivo en rosario Vive en Rosario, y se nota en cada frase.
9, 10 y 11… puede que en el futuro encuentre 3 más. 

Punto 5: Mis preguntas para ustedes:

  1. ¿Libros gordos o finitos? Ojo que parece una boludez, pero como en todo lo demás, el tamaño importa.
  2. A muchos nos gusta leer en papel ¿pero te gustaría escribir en papel? Como antes, bah.
  3. ¿Qué preferís, un libro de autoayuda o un auto de libroayuda?
  4. ¿Es verdad que siempre es mejor el libro que la película?
  5. ¿Y si es Harry Potter, o el Señor de los Anillos, o Crepúsculo? (Ahí te quiero ver…)
  6. ¿Qué pensás de los escritores que escriben sobre escritores? ¿O de cineastas que filman sobre cineastas? Y así.
  7. ¿Qué hacés cuando vas a una librería? Y no me digas “Comprar libros”.
  8. ¿Es cierto que encontrar un blog interesante es como tener un día sin viento en la Costa Atlántica?
  9. En mi vida leí un diario (o periódico). Si vos los leés ¿me podés explicar en dónde está la gracia?
  10. ¿Alguna vez (siendo adulto) leíste un cuento de cuando eras chico? ¿Y… cómo te fue?
  11. En serio, decime si alguna vez leíste entero “El Quijote” y encima te gustó.

Punto 6: espero poder contactar a todos. Y si no, desde aquí les agradezco a todos por andar por ahí, creando…

Mission Accomplished. Over and Out.

Obviedades

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Lo único que sé de vos es que siempre me gustaron tus negros bucles, tu risa fácil, tu debilidad por la ironía, tu humor (tirando a negro, como tu pelo), tu preferencia por el tinto, tu capacidad de bailar una noche entera, y creo que nunca te vi con cara de culo. Tan divertida, tan inteligentemente graciosa, tan única… creo que nunca te merecimos.

O, capaz que dios se estaba pegando un embole terrible y te mandó llamar de inmediato.

Brindo por tu felicidad “rulitos”, con un tinto, obviamente.

…a M.E., RIP

Quedándote o yéndote LISTEN

Spinetta-Kamikaze