La Ley de la Selva

leonaCuando Marita  empezó a trabajar en la Yoursister’s Shell & Co. jamás pensó que iba a llegar tan lejos. Había sido preparada para el arte de la peluquería, y era su sueño tener algún día su propio salón de belleza. Ya sabemos lo que hace el destino con los sueños de la gente, así que fue el destino y no otra cosa lo que hizo que Marita terminara ocupando ese puesto de recepcionista junior en la Yoursister’s. La casa central de la compañía era un rascacielos vidriado, como los de las películas, en donde las personas vistas desde la calle parecían pececitos limpiafondo que se movían en distintas direcciones, indiferentes al bullicio de la ciudad.

Lejos de ser una chica de barrio indefensa en la jungla de cemento (y vidrio, y acero, y gente), Marita llevaba la Ley de la Selva en la sangre. Así es que logró transitar airosa la segunda mitad del siglo XX, con una increíble capacidad para ponerse a la altura de las circunstancias. Altiva, feroz, determinada, ignorante y hermosa, tomaba cada desafío como algo personal, como una leona con un venado entre los dientes… ¡andá a sacarseló! Pronto el escalafón de junior le quedó chico. A diario se abría paso en la maraña a machetazo limpio hasta que se convirtió en la cara de la Compañía, la primera y la última cara que verían quienes osaran cruzar el umbral de la Yoursister’s, la única para quienes cometieran un error.

La tecnología no fue un obstáculo tampoco. Sin la menor preparación pasó del lápiz y papel a la máquina de escribir, del carbónico y la cinta correctora al Liquid-Paper, del teléfono con disco de su casa al mega conmutador con lucecitas inquietas (e inquietantes), de la copia por correo al telex, and so on. Hasta que llegó EL día. La sacaron de la recepción y la pasaron a la oficina de Comunicaciones Internacionales. La Yoursister’s Shell & Co. tenía filiales en todo el planeta, y la forma más rápida y económica de comunicarse antes de que existieran los e-mails, era a través del Telex. Marita, sin saber ni una pizca de inglés, tipeaba los mensajes a una velocidad increíble, con un margen de error del 0%. El Gerente General de la Compañía no lo dudó ni un instante: “Marita, a partir de hoy usted va a ser la encargada y única operadora de la oficina de Telex. Pero haga de cuenta que es ciega, sorda y muda. La información que pasa por esta oficina es altamente confidencial. No me falle.”

Lo primero que hizo Marita fue pegar un letrero en la puerta de su nueva oficina: “Prohibido el acceso a toda persona ajena al sector” para luego encerrarse a ejecutar sobre el teclado de la misma manera en que un eximio pianista lo haría en el Colón. Las cintas perforadas entraban y salían de ese enjendro a la velocidad de la luz, sin que una sola pizca de información fuera a caer en las manos equivocadas.

Pero, estaba Susana.

En la selva de la Yoursister’s Susana era la serpiente: sigilosa, astuta, traicionera y venenosa. Susana creía que porque tenía un cargo alto podía entrar a la oficina de Marita cuando se le antojara y con el pretexto de socializar metía la mano entre los mensajes recibidos: “¿Esto es para mí?” preguntaba, mientras miraba de reojo todo lo que podía. “Susana, no es para vos, no seas chusma querés. Te voy a tener que pedir que te retires si no.” Susana hacía caso omiso a las reiteradas advertencias de Marita, ignorando que se estaba metiendo con la presa… y con la leona.

Un día llegó a oídos de Marita el rumor de que se había filtrado un mensaje confidencial proveniente de la oficina de Nueva York, y que Susana se estaba encargando muy bien culpar a Marita divulgando la calumnia por toda la empresa. Los pasillos ardían en susurros, pero dicen algunos que en un momento se escuchó un terrible rugido. La puerta de la oficina de los misterios dejó salir a la fiera sin oponer resistencia: “¡Susana! ¿Podés venir un momento por favor?” La misma puerta se cerró detrás de la víctima garantizando la ausencia de testigos.

“Escuchame bien gorrrrda hija de mil putas! ¿Qué carajo andás diciendo por ahí? Mirá gorrrda de mierda, conmigo no te metás porque te reviento las tetas ¿me entendés gorrrda? Si me llego a enterar que andás hablando mal de mí, te paso por arriba con el auto, gorrrda del orto. Me importa 7 carajos tu cargo, si te agarro en la calle te re cago a trompadas gorrrrda. ¿Me oíste bien? Me costó mucho llegar a donde llegué y no voy a permitir que una gorrrda pelotuda como vos me venga a cagar la vida, así que ya sabés.”

La oficina de Recursos Humanos se encargó de poner paños fríos a la situación, asegurándole a Marita que no tenían ninguna duda sobre su desempeño y advirtiendo a Susana que si no corregía su comportamiento, deberían replantear su posición.

Susana regresó a su escritorio pálida y con los ojos llorosos. Sus compañeras la consolaban: “Su, no te pongas así, esto no pasa de una llamada de atención. No te van a echar. Olvidate.” Pero Susana no paraba de moquear hasta estallar en un llanto desconsolado. Nadie entendía por qué estaba tan herida.

Pero la Ley de La Selva es así, y la Leona sabe en dónde hincar el diente: “Es que me dijo gorda!!! Marita me dijo gooordaaa…”

Jungle Boogie LISTEN

Wild and Peaceful - Kool & the Gang

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4 pensamientos en “La Ley de la Selva

  1. che, no sé qué onda, siempre me pasa algo cuando vengo acá, jaja debe ser para que tenga más emoción… te estaba escribiendo un comentario y buscando un signo me fui de la página, así que si te aparece algo raro no me hago cargo,
    el problema es que me fui de tema, igual, que me encantó el post, casi puedo escuchar el tono en que marita grita goordaaaaa y me quedé como chocha con lo de los pececitos limpiafondo jaja y con mi regalo (carita feliz mostrando todos los dientes), que justo cuando te lo estaba agradeciendo en el otro coment me pasó todo lo que me pasó jeje
    y bue che, sos vos no soy yo…
    besoss, mates y hasta más ver!

  2. Me encanto…esta frase: …feroz, determinada, ignorante y hermosa… y además el resultado de la analogia de la selva con la empresa y la descripcion de la evolucion de los medios de escritura…!
    Felicitaciones…

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