The Aftermath

No hay excusas ni terceros de por medio, simplemente perdí el control del auto. Me di cuenta de que ya no podía hacer nada cuando dejé de ver el paisaje… solo sentí ruidos fuertes, mis gritos, todo dando vueltas y al final un momento negro.  Y el zumbido del radiador.  Al abrir los ojos tenía como panorama un cielo distinto: lo que siempre fue celeste, ahora era gris y alfombrado y aunque era pleno día, estaba colmado  de verdosas estrellas de vidrio. Con la misma tozudez de los que le discutían a Galileo y a Cristóbal Colón que la Tierra no era redonda, yo sostenía que era la fuerza de gravedad la que se había invertido, y que no podía ser que el peso de mis piernas estuviera por sobre mi cabeza.

Así como Colón les tapó la boca a los gallegos sólo con poner un huevo de pie, fueron mis propios ojos los que me hicieron entrar en razones. Comprendí que la gravedad seguía igual que siempre, que lo que estaba patas para arriba era el auto, y yo con él. Extrañamente me vino a la mente el Negro Olmedo cantando Colón fue un hombre de gran renombre que conquistó al mundo enteeero y sin duda fue el primero que puso un hueeeeevo de pieé… casi me río.

Salí por mis propios medios, me miré y no encontré ninguna herida. Miré hacia atrás y vi las marcas de los neumáticos: un zigzagueo, medio trompo y doble vuelco en la banquina. De la nada aparecieron unas personas que quisieron socorrerme pero no había mucho que hacer, porque el auto no tenía arreglo y tampoco había nada para arreglar en mí. Me dijeron que la había sacado barata, que ellos se habían pegado un palo terrible poco tiempo atrás y se salvaron de milagro. La ambulancia y los paramédicos se fueron tan rápido como vinieron. No hay heridos.

Una señora que pasaba y vio el desastre dijo que a ella le había pasado algo parecido: que dudó al querer pasar a otro auto y terminó volcando y que no se hizo nada. Vino el auxilio, levantó el auto y me llevó a la ciudad. Me contó que le había regalado una rural a la esposa y que por culpa del que iba adelante, bloqueó una rueda y dio medio vuelco con sus tres hijos adentro. Ilesos. Hablé con el del seguro y mientras hacíamos el papeleo me contó que al querer adelantar a un camión pisó una parte mojada del pavimento que resultó ser una lagunita. No dejó de patinar hasta incrustarse debajo del camión con toda su familia. No se lastimó ni el perro.

Llamé a Valeria para contarle lo sucedido y se acordó de cuando fue de vacaciones a la costa con su familia, quienes víctimas de un choque fueron despedidos por el aire. Ni un rasguño. Me comuniqué  con un par de hoteles para cancelar mis vacaciones, y horrorizados me decían que no me preocupara, que los fierros son lo de menos. Que ellos habían tenido una experiencia parecida y que todos los días daban gracias a Dios porque ni ellos ni los niños se habían lastimado.

Me hospedé en una posada hasta arreglar el regreso a casa. La encargada de la noche me dijo que de joven se pegó tremenda piña porque el que manejaba estaba mamado, pero que por suerte todos se salvaron, y la encargada de la mañana me contó que se la puso contra una piedra enorme, que el auto se dobló al medio con ella, su bebita y su madre dentro. No hubo que lamentar víctimas.

Desde el accidente, y por varios días, no importa con quién hable, todos tienen alguna desgracia con suerte para contar. Todo esto es muy extraño. Me pregunto si no será que estamos todos muertos ya, y no nos damos cuenta. (Risas)

My Favorite Game (WATCH)

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5 pensamientos en “The Aftermath

  1. muy bueno como siempre, es verdad esto, igual nose si siempre son desgracias con suerte…. alto tema el del final, sobre todo queda excelente con el video clip…

  2. Yo todavía no entendí bien el concepto de «Desgracia con suerte» Pero creo que la gente lo toma como un recordatorio de que finalmente todos nos morirmos y que frente a algo tan inevitable e inminente, el auto hecho pelota y las vacaciones perdidas no deberían ser una preocupación tan grave.

    Me gustó mucho el título, muy apropiado.
    Y capaz que sí, estamos todos muertos…como Bruce Willis, o como los que al final se habían muerto en el Oceanic 815.

    Buenísimo, como nos tenés acostumbrados!

  3. Y, hay mucho para jugar con eso último que dijiste. Me hiciste acordar al cuento, novelita, de Rulfo que algún día voy a -y hay que- releer: Pedro Páramo. Un abrazo, “Mucha gente no para de hablar y yo no puedo parar de escuchar”

    Foco-manual (en uno nuevo) o mejor: Darío.

  4. me preguntaba lo mismo antes de llegar al final y sabía que me ibas a dejar con la duda!!
    moyyy bueno con las aplicaciones y todo
    besoss

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