Pasadizos

Así como Borges, que en su cuento ubicó un Aleph en un escalón de un sótano cualquiera en Constitución, o Sábato que por medio de Fernando Vidal Olmos habla de la puerta secreta que está cerca de la iglesia redonda de Belgrano y que conduce al tenebroso laberinto de los ciegos, o como Cortázar en El otro Cielo, en donde el protagonista, entrando por la galería Güemes de Buenos Aires, sale a la Galerie Vivienne en París, modestamente yo también encontré un pasadizo misterioso. Está en Flores.

Hay una puertita en la Basílica de San José de Flores, por el pasaje Salala que nadie más que yo conoce. Fue por accidente que la descubrí, queriendo cortar camino desde Rivadavia para ir a comprar facturas a Ramón Falcón y Pedernera, me metí por Salala y me topé con una manga de pungas que conformaban una barrera infranqueable. Muy tarde para volver atrás, me escondí en el umbral de una pequeña puerta que cedió al peso de mi hombro, y un poco por temor a que me roben y otro poco por inercia me metí adentro.

No entendí nada, no era la iglesia. Me hallé solo en un lugar inmenso, como un gran teatro… sí, sí, un teatro era: un teatro antiguo, lujoso, y aunque todas las luces estaban encendidas como para una gran gala, no había un alma. Sin embargo, desde el imponente hall pude escuchar una orquesta ensayando a lo lejos. Por momentos el pianista practicaba incesantemente la misma parte de la obra, luego un breve silencio seguido de varios violines que no terminaban de entenderse entre sí. A pesar de lo incomprensible de mi situación, lo cierto es que me invadió una felicidad inmensa… y también muchas dudas. ¿Se trataba de una experiencia nueva o de un recuerdo?

A lo mejor era un recuerdo. No sé, porque cuando repentinamente aparecieron todas esas chicas del ballet, con sus tutús, zapatillas de danza y rodetitos, me pareció reconocer a más de una. Cuchicheaban y proferían risitas cómplices mientras pasaban a mi lado, indiferentes a mi presencia. Yo sin embargo las conocía y sabía algunas cosas triviales de sus vidas como si las hubiera visto a diario. Pero se fueron tan rápido como llegaron, y no pude recordar ni un nombre, ni un detalle, nada que me hiciera recordar cómo es que me resultaban tan familiares.

Todo el ambiente me inspiraba una profunda sensación de pertenencia, de estar recuperando algo de mi vida, o de alguna otra vida mía. Me regodeé paseando por los suntuosos pasillos, escalinatas, salas y bambalinas con una naturalidad anormal. Llegué a una gran puerta doble que parecía ser la entrada de este teatro. Giré ambos picaportes decididamente y las abrí.

Quedé maravillado: del otro lado se extendía la Plaza Flores, pero tal como debe haber sido cientos de años atrás. Un vasto jardín de obscena belleza, con el sol saturando los colores que le regalaban las flores, los árboles saludando al cielo con sus hojas y el aire purísimo, limpiándome por dentro al respirarlo. ¿Por esto se llama Flores el barrio?

Me entristeció ver pasar al 85. Como siempre, pasó de largo, y como cada día que voy a trabajar lo veo alejarse dedicándome su humo maliciosamente. Alguien me toca el hombro. Es Julito, el kioskero. ¿Qué hace este pelotudo acá? Hace un par de años que por suerte cerró su penoso comercio y no tengo que bancar su estúpida charla y su fanfarronería imbécil cada vez que voy a comprar cigarrillos. Y ahora se me aparece preguntando por la parada del 85. ¡Lo mandé a freír churros!

Y hablando de churros me acordé de que tenía que ir a comprar facturas, que la gorda quedó esperando en casa. Hice 50 metros hasta Pedernera y una cuadra hasta Falcón. Pedí medialunas (de grasa y de manteca), sacramentos, tortitas negras, cañones con dulce de leche y vigilantes con pastelera. Churros no había más.

Hice la prueba de volver por Salala, pero parece que entrando por Falcón no es lo mismo. Igual no volví a pasar por ahí, no me quiero encontrar otra vez con Julito.

The Stairs LISTEN

 

 

 

 

 

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9 pensamientos en “Pasadizos

  1. jajaj me mató el “modestamente”

    buenísimo, y menos mal que se acordó de las facturas porque si no ahora no lo estaría contando… lástima que no había churros, y bue, otra vez será!!

  2. la manera en que el viaje fantástico desemboca en una situación cotidiana me
    parece un logro mayúsculo. Entre el pelotudo de Julio y las facturas para la gorda,
    ¿hija?
    El escenario elegido, Flores, también es un hallazgo.
    Salud!
    Y seguimos acá

  3. Pero Julito es como esos porteroe con los que uno no quiere toparse al salir o al entrar……pero siempre se las arreglan para cagarnos la vida jajaj. De vuelta no es lo mismo porque las hambrientas bailarinas te devoran las facturas. Un beso!

  4. Harold: me alegro que le haya gustado… según mi GPS, el pasaje Salala está a 2 cuadras del pasaje Endulzala. No sé si creerle…

    MC: vos siempre rescatás lo que hay en mi mente de alguna u otra manera! En cuanto a los churros, bueno, si no se hubiera quedado boludeando por ahí, a lo mejor los conseguía!

    Efa: es que siempre hay un agua fiestas, un pincha globos, es así… en cuanto a la gorda, yo pensé en la mujer que lo manda a comprar facturas mientras ella hace el mate… pero el lector es el que elige. Y creéme, Flowers tiene cosas muy locas.

    Dany: que graaande! No lo había pensado, pero sí, efectivamente Julito es como uno de esos porteros inesquivables, es como la casilla de peaje del pasadizo ;)

  5. Caminé el cuento con vos, conozco mucho la zona. De hecho trabajé en la guardia nocturna de la Clínica Santa Isabel algo más de 3 años. Y a cada uno que robaban y golpeaban lo traían de urgencia. Es una lástima que no hayan encontrado la puerta.
    Debe de estar ahí para unos pocos.
    Quizás, sólo para aquellos que la merecen.

    • Andrés: puede que tengas razón. Un buen señor que sale a comprar facturas mientras su gorda lo espera con el mate se merece esa puertita, que de paso lo salvó de la patota que probablemente lo hubiera mandado a la guardia del Santa…

  6. Me gustó tu comentario en el de Lailita. Tal cual, era mi remera también. Lo agregué y después lo saqué para que quede en el comentario. De paso, quería decirte, otra vez, que tus historias siempre gustan, aunque si he de opinar algo es que no tienen por qué tener todas las entradas una misma estructura. Eso a veces puede aburrir. Me refiero a la cantidad de párrafos, los tamaños, las introducciones… vos qué decís? Tómalo, o déjalo, obviamente. Intento ayudar nomás. Abrazo. Vamos construyendo de a poco (:

    • Dario: qué bueno que pases por acá y opines! No me había dado cuenta de que tengo los cajoncitos ordenados de la misma manera, jajaajaj… gracias por señalarlo, me va a ayudar y mucho para mis próximos textos =)
      De paso, aprovecho para mandarle una caricia en la cabeza a Laila…

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