Los borrachos siempre dicen la verdad.

Quique era borracho. No era alcohólico, ni arrastraba problemas de la infancia, no bebía, no estaba tomado ni era un enfermo. Era bo-rra-cho, sin eufemismos. Por lo demás, era un tipo de lo más común. Era cajero de un banco estatal en la zona Oeste, siempre de traje, el pelo prolijamente cortado, y tras los cristales de su ventanilla inspiraba confianza a los eternamente estafados jubilados.

Pero debajo del mostrador, entre rollos de papel, banditas elásticas, lapiceras y sellos, siempre tenía alguna botella, esa noviecita complaciente que se dejaba besar a escondidas del público.

Al parecer Quique había logrado el nivel justo de alcohol en sangre como para que no le patinara la dicción, no tambalear, ni apestar y aunque ya todos se daban cuenta de su estado, nunca hizo papelones. Fuera del banco, su vida también era corriente. Su previsible sueldo le permitía tener un techo, mantener a su familia y hasta tener un modesto auto. Este último es un sustantivo un tanto generoso para un Citroën 3CV modelo ’75, pero “la Rana”, aún con su andar cabeceante nunca lo dejó a pie.

Casi siempre almorzaba cualquier cosa en la cocinita del banco. Pero ese día, con 38 grados a la sombra invitaba más bien a ir al bar. Un par de compañeros lo gastaban “Che Quique, ¿vas a seguir tomando? ¿Qué te trajiste hoy para el mostrador?” “Ron, loco, me traje un ron buenísimo, y con este calor es lo mejor que podés tomar.” “¡Qué borracho que sos! Si tenés sed tomate una gaseosa, algo helado.” “Pero escuchame una cosa, ¿vos sabés el calor que hace en el Caribe?” “Me lo puedo imaginar, ¿pero qué tiene que ver el Caribe con el escabio? ¿Qué tiene que ver? ¿Qué te pensás que tomaban los piratas cuando tenían calor y sed? ¡Ron tomaban! Hielo no había en el Caribe…”

Y se bajó el ron nomás. A las 5 en punto cerró la caja, saludó a todos, se subió al Citroën y rumbeó para su casa. Entre el calor que no había aflojado y el ron, que tampoco, se sentía algo mareado. Pero seguro de sí mismo y de su fiel automóvil, tomó la autopista por el carril lento y aguantó los trapos hasta llegar al barrio. Pero a pocas cuadras de su casa, se cruzó Ramón, el perro del albañil. Para no atropellarlo volanteó bruscamente. Así fue que la cabeceante suspensión obró su comportamiento lógico, e irremediablemente volcó.

El auto quedó con las ruedas para arriba, y Quique, sin cinturón, desparramado con la cabeza para abajo. Por un momento no sintió absolutamente nada. Y es que milagrosamente no le había pasado nada, ni un rasguño; su fiel 3CV lo había protegido como si fuera la cáscara de una nuez.

En menos de 30 segundos se acercaron todos sus vecinos a ayudarlo. Buena gente, más de hacer que de pensar… y sin pensar, entre todos hicieron fuerza para dar vuelta el auto – con Quique adentro. ¡Y lo lograron!

Lamentablemente, el crique que andaba suelto por ahí fue a dar en el medio de la cabeza de Quique, haciéndole un corte merecedor de varios puntos de sutura. “Gracias, gracias. ¡No me ayuden más la puta madre que los parió a todos! ¿Quién carajo los llamó, manga de forros? ¡Vayan a laburar, vagos! ¡No me ayuden más!”

Tomándose la cabeza ensangrentada, no paraba de maldecir. Pero nadie se ofendió realmente, total Quique era un borracho…

Brother my cup is empty LISTEN

 

 

 

 

 

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Ícaro / Killer / Knot-Knot

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7 pensamientos en “Los borrachos siempre dicen la verdad.

  1. Tal vez Quique ha querido que nadie lo ayude por que en gral. los borrachos o cualquier otro adicto no quieren. Y no es por el accidente en sì, sino por ellos. Los borrachos dicen la verdad.

    Muy entretenido.

  2. Jajaja, mi tía, hasta que se lo robaron, tenía el mismo citroen…Volcó, le pasó un bondi por encima y chocó innumerable cantidad de veces…pero ella siempre salía ilesa y jamás la dejó a pie.
    Voy a probar eso del Ron para el calor, tiene TODO el sentido, y si los borrachos dicen la verdad, hay que creerles.

  3. tanto relato y mirá lo que yo rescato hoy… que el tipo era borracho, a secas… si es que se puede decir a secas, ahora que lo pienso, es que me encantó el detalle, qué tanta cosa? era borracho y punto!

    y el auto rana me trajo un montón de recuerdos!!! tantos que me puse a buscar historias en google, sí, así estamos hoy, como el Quique.. jaja
    saludos!

  4. MAGAH: Así es! Al menos éste en particular no quiere ayuda de nadie. Aunque hay que reconocer que con la manito que le dieron, muy bien no le fue ;)

    Girl: el testimonio de lo de tu tía vale oro! También para mí lo del ron fue toda una revelación. Por algo los San Bernardo llevan cognac en el barrilito, eso será para el frío, pero para el calor parece que el ron rules. Al menos yo lo vi en Piratas del Caribe, jaj

    Harold: por fin se decidió a dar su nombre, ha pasado del grupo de alcohólicos anónimos al de borrachos conocidos. Salud!

    rauli2011: me alegro que te haya gustado =)

    Mirta: seguramente todos estos bien intencionados vecinos irán al infierno… al menos Quique los mandó para allá con sus maldiciones!

    Eme Ce: Diste en el blanco! En el caso del amigo Quique, borracho es sinónimo de identidad. Me alegro de haberte hecho googlear, buena señal para este blog :)

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