Prioridades

¡Por fin un poco de paz! En MI auto. En MI espacio. Puedo ir a donde se me antoje, poner la música que se me cante y estar solo, concentrado en manejar y nada más.

-Cortala con el tema de los pibes Nazarena! Yo no quiero tener hijos, no me gustan los chicos y lo sabés bien.

-¡Ja! ¿Sabés lo que te pasa a vos? Lo único que te importa en la vida sos vos mismo y tu auto, y no podría precisar en qué orden exactamente. Madurá querido.

-Mirá, me voy a dar una vuelta para no mandarte a la mismísima mierda nena.

-Sí, sí, andá a dar una vueltita con tu autito y volvé cuando seas grande (tarado).

Después de andar un buen rato mi rabia aflojó. Me dio una sed terrible. Logré estacionar en el mínimo espacio más cercano a un kiosco y ahí me quedé, sentado al volante tomando mi gaseosa preferida. Aislado del mundo exterior por mi espeso polarizado, me acomodé en la butaca para no pensar, o mejor, para pensar en nada. Sólo veía lo que pasaba afuera porque tenía los ojos abiertos, pero sin ver nada en realidad.

Ahhhh, Nazarena me tiene harto. Me hace enojar tanto que termino diciendo cualquier cosa. No es que no me gusten los chicos, no tengo apuro en ser padre. Punto. No es tan difícil de entender.

Estiré el brazo para poner algo de música y sin querer accioné el limpiaparabrisas. Noté que un nene de unos tres años que justo pasaba de la mano de su mamá se paralizó en el instante en que vio el movimiento de las escobillas. Debe haber creído que el auto estaba vacío (o era el hijo de un embajador de algún país peatonal) porque no se podía explicar la fascinación con que miró el fenómeno. “¡Mamá, mirá! ¡Miraaaaaá! ¡Se mueven solos!” gritó, como si hubiera visto a los Reyes Magos, a Papá Noel y al Ratón Pérez juntos.

Me causó tanta gracia que se me ocurrió mover también la escobilla de atrás para ver cómo reaccionaría. La madre cómplice le señaló la novedad, y el pibe fue corriendo a ver lo que pasaba detrás del auto. Estaba eufórico, los ojos como el 2 de oro, boquiabierto. Sintiéndome ya un súper héroe, empecé a echar agua por los sapitos y fue una fiesta de risas, saltos y exclamaciones. Finalmente la señora lo tomó de la mano sonriendo, y el nene se alejó mirando hacia atrás mientras yo le hacía luces. ¡Qué pendejito!

Quizá Nazarena tenga razón y a lo mejor ya es hora de que tengamos hijos. Si me salen la mitad de simpáticos que este enano me considero afortunado. Bueno, a casa.

Desconcentrado, puse primera y juro que no vi el Falcon todo oxidado, sin luces, ni miedo al scoring. Después del ruido, solo vi la chapa, clarito: B 1586354. Estoy frito.

Noooo!!! Lo hice mierda… mi auto nuevo!! Estaba impecable… el chapista me va a romper el orto!! Me quiero matar, todo por joder con ese pendejo de mierda ¿en qué estaba pensando, por Dios, en QUÉ estaba pensando?

Das Auto WATCH

 

 

 

 

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6 pensamientos en “Prioridades

  1. jajaja…me rio por no llorar y casi lograste emocionarme hasta las lágrimas mientras transcurría la escena del niño fascinado ablandando el corazón de un duro al pedo!
    Muy bueno y el giro final sorprende. Bien!

    Abrazo!!

  2. Rauli2011: Gracias =)

    Palabras Descalzas: Bueno, podemos ponerle final feliz pensando que los protagonistas del videito son la futura familia que formará el protagonista…

    Eme Ce: Gracias! Pero no todo el mérito es mío… con sólo seguir las vueltas que dan algunas personas ya tengo un 50% a mi favor :D

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