Vivir del amor

Nunca los conocí personalmente, pero Osvaldo y Azul eran tema de conversación a menudo en casa, porque la verdad, eran patéticos… Nada extraordinario: el típico millonario entrado en años, que después de haber tenido las mejores minas, se terminó quedando con una tilinga que se hacía llamar Azul, porque Ana María era muy corriente.

Sin embargo, me intrigaban el desparpajo de ella y la indiferencia de él.

La historia es simple: Osvaldo tenía una boutique, Ana María (ahora Azul) trabajaba como vendedora, se enredó con su jefe, empezó a vestir bien (bien de gato), se transformó en rubia, fue gradualmente del Peugeot más caro al Mini-Cooper más caro, le dio dos hijos a los que cariñosamente llamaba “herederos” delante del padre, un buen día le dijo que la pareja no daba para más, se quedó con una boutique, un piso y una camioneta importada. Y anda diciendo por ahí que todo lo que Osvaldo le dio, fue con amor.

Pero todos de alguna manera se reían a sus espaldas. Era patético.

Una de esas veces en que hablábamos de ellos, le dije a mi esposo: “No entiendo la mentalidad del hombre en estos casos, Roberto. ¿Me vas a decir que Osvaldo no sabe que Azul lo vivió todos estos años, Roberto? ¿No se da cuenta de que todos piensan que el gato que tenía al lado era más ordinario que un canapé de chaucha? Roberto, es obvio que Azul tuvo esos hijos para asegurarse la fortuna de Osvaldo ¿él es el único que no se da cuenta, Roberto? Ella anda por ahí haciéndose la Paris Hilton con la plata que le sacó a él, y él llevando a los pobres nenitos al jardín, como si fuera el abuelo. Yo no lo puedo creer, Robeeerto. No puede ser que un hombre tan inteligente no se dé cuenta de que esa mujer lo deja en ridículo ante todos. ¿Por qué hay hombres que toleran semejante cosa, Roberto?”

“Porque una mina así no te viene con cuestionamientos. Todo lo que pueda pedir se paga con plata… el tipo pone un poco de guita y no le rompen más las pelotas”.

Levanté la mesa y me fui calladita a lavar los platos.

No se puede vivir del amor LISTEN

 

 

 

 

 

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8 pensamientos en “Vivir del amor

  1. Hay algunos que prefieren que les rompan en bolsillo y no las pelotas. Y pueden darse ese gusto además. A mí dejenme con mi rompebolas y mi pobreza. Así estoy bien

  2. Rauli2011: La amiga Azul pensó exactamente lo mismo y no perdió tiempo, todo rapidito rapidito ;-)

    Andrés: gracias a actitudes como la suya, todavía hay hombres y mujeres felices y libres de ser como son.

    Eme Ce: jaj, seee… hay que reconocer que cuando una chica se pone pesada, corre el riesgo de terminar lavando los platos calladita (mínimo).

  3. che, para no ser sexista tengo la versión opuesta, mi cuñada que consiguió marido de liquidación ya entradita en los 40, y el tipo es el rompepelotas más boludo que ví en años. Pero ella con tal de tener compañía lo deja hablar, y hablar, y hablar. Eso puede ser amor o puede ser susto. Me inclino más por lo segundo

    • jaj, podemos usar refranes: quizá tu cuñada eligió “más vale pájaro en mano”. Y si fuera el caso de ser adinerada, y siguiendo con el tema del pájaro, quizá tu ahora cuñado eligió “una pija bien administrada vale más que una estancia”. Pero lo cierto es que nadie de todos estos personajes eligió “más vale solo que mal acompañado”.
      Gracias por comentar Nikita!

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