Veinte años no es nada

Fue sin duda la relación más larga que tuve.

La conocí cuando tenía unos veinte años, con el alma que me pesaba una tonelada y el cuerpo que no pesaba más de 44 kilos. Me inspiró confianza desde un principio y ya nada fue un secreto entre nosotras. Le conté que mi casa me resultaba intolerable. Mi vieja vivía empastillada porque mi padre vivía borracho. Mis hermanas sólo se daban cuenta de que existía cuando me compraba ropa, para estrenarla antes que yo, y mis amigas sólo me llamaban para contarme sus problemas.

Es que todo fue una mierda desde que tengo memoria, le dije. Mi papá no trabajaba y además era violento. Una vez llegó a arrinconarme con un cuchillo, sin contar las veces que me corrió con el cinturón. Y en la escuela no me quería ni la portera. Y ella siempre me escuchaba y me comprendía.

La pubertad vino sólo para empeorar las cosas. Yo era muy ingenua y tardé en darme cuenta de que mis vecinos de toda la vida ya no me acariciaban la cabeza… más bien un poco más abajo. Irónicamente, más tarde pasé a ser intocable…  ¿Qué chico iba a querer salir con una chica tan problemática?

Pasó un buen tiempo hasta que uno se animó. Ahí las cosas empezaron a mejorar, y entusiasmada le conté todos los detalles de mi nueva vida. Y ella seguía ahí, también en las buenas.

Llegaron los hijos, y por unos cinco años fui feliz. Hasta que nos apaleó el desempleo, la rutina, las peleas, la eterna lucha con el colegio de los chicos, los cuernos, el divorcio, y todo, todo lo lloré con ella.

Cumplí 40 y ya no me entraba un alfiler en el orto. Me volví dura, intolerante, violenta, drenando toda la basura de mi vida por la boca, y fiel a nuestra relación, me desahogaba con ella.

¡Pero qué mal te pegó la crisis de los 40!” me dijo un día la muy hija de puta. ¿Y qué esperaba con la vida de mierda que tuve? Cualquier pelotuda tiene una crisis a los cuarenta, ¡obvio que la mía iba a ser una bien chota!

Y ahí me decidí y no fui más a su consultorio.

Desencuentro WATCH

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6 pensamientos en “Veinte años no es nada

  1. Uff…y yo que me quejo porque mido 1.50 y la crisis inflacionaria me está aumentando el precio del chocolate. That’ll teach me.
    Por otro lado, es increíble como se dan esas relaciones dependientes por las que uno encima tiene que pagar para que le digan lo que no quiere escuchar. Pero las recomiendo, no solo porque tengo varias amistades en la profesión, sino porque si no pagamos por lo que no podemos decirnos solos, no nos hacemos cargo nunca.

  2. buenas, acá recién entrando a la crisis de los 40 (los cumplí esta semana). Yo también dejé a mi psi (era el tercero de mi vida, pero el primer hombre) cuando me empezó a explicar que para él había sido siempre muy fácil criar a sus dos hijas (yo tenía tres hijos ahí, ahora tengo 4!). Me fui para no ponerle una patada en el orto

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